[ISLANDIA] Regreso a la Isla Handia (52d). Julio-Agosto-25

Iniciado por KoldoS, Octubre 09, 2025, 23:16:10 pm

Tema anterior - Siguiente tema

0 Usuarios y 3 Visitantes están viendo este tema.

KoldoS

Marzo 09, 2026, 22:00:04 pm #45 Ultima modificación: Marzo 09, 2026, 22:33:35 pm por KoldoS
3 - El Norte


Día 15 (martes) Studlagil: un cañón de basalto


Bakkagerdi - Eggilstadir - Seydisfjordur - Studlagil - Modrudalur
Recorrido día: 162 km (Total acumulado : 3111 km)



Hoy toca madrugar. Nos despertamos sobre las 7:00, desayunamos y recogemos todo. A estas alturas ya le hemos cogido el tranquillo y tampoco es que nos lleve mucho tiempo. Pero después de la mala experiencia del otro día, no queremos más sustos y nuestra intención es estar listos en la entrada del camping bastante antes de la hora prevista para la salida del bus. El sobretecho de la tienda está bastante mojado y lo secamos con las toallas todo lo que nos es posible. Ayer fue el primer día que nos llovió de verdad y la tienda lo soportó sin problemas. Salvo la típica humedad debida a la condensación interior, el habitáculo permaneció seco en todo momento.

Esta vez sí, no hay sorpresas y a las 8:00 en punto aparece puntal el microbús que hace el trayecto entre Borgarfjordur y Eggilstadir. Cargamos todos los trastos en el maletero trasero y nos sentamos en los primeros asientos, justo detrás de la conductora. No somos los únicos en subir. Nos acompañan otros campistas que nos hacen ver que también en Islandia hay gente que se mueve en transporte público. La verdad es que no me parece un país fácil de visitar sin vehículo propio.

Para mi sorpresa, cuando salimos del camping, el microbús no enfila directamente hacia la salida de Bakkagerdi, sino que se mete por una de las escasas calles de la población y va recogiendo gente. No sabría decir si llega a algún otro alojamiento o si es un servicio a la carta, ya que varios de los que suben hablan amistosamente con la conductora y parecen habituales. Pero yo me empiezo a poner nervioso, porque me parece que estamos tardando en salir a la carretera y temo no llegar a coger el bus a Seydisfjordur.

Finalmente, salimos del pueblo y enfilamos por la 94 hacia Eggilstadir. Momento en que la cobradora empieza a hacer su trabajo y nos llevamos otra sorpresa. Hay que pagar en efectivo! Cómo? En un país en el que hasta un café se puede pagar con tarjeta y en el que el dinero efectivo es ya una rareza, hemos tenido que topar con la excepción en un momento en que el tiempo corre en nuestra contra. La conductora me tranquiliza diciéndome que puedo ir a la oficina cuando lleguemos. No acabo de entender si se refiere a que allí tienen datáfono o si lo que me está diciendo es que vaya al banco a coger dinero. La verdad es que me da lo mismo. Ambas opciones suponen una pérdida de tiempo y ya me veo matando la mañana en Eggilstadir hasta el bus de la tarde.

Mi cara debe de ser un poema, porque la conductora parece apiadarse de mí y le pisa bien. La cosa es que cubrimos los 76 kms de trayecto con más rapidez de la que esperaba y nos plantamos a las puertas de Eggilstadir con casi diez minutos de margen. Bien por la fitipaldi!

Pero de nada va a servir si no puedo pagar el bus de forma rápida. Así es que les ofrezco pagar en euros una cantidad que cubra los billetes (2000 ISK/persona) y además les compense el cambio de divisa y las molestias de ir a cambiar. Hacen sus cálculos y lo aceptan sin dudar. Lógico, he sido generoso y les sale a cuenta. A nosotros también, porque ganar un día en Islandia vale mucho más que ese extra.

Finalmente, llegamos al camping de Eggilstadir a punto de dar las 9:00 y la conductora nos deja en el punto donde dice que para el bus 93 a Seydisfjordur. Y este hace acto de presencia justo cuando hemos recogido nuestras mochilas. Se trata de un bus blanco y también es pequeño, pero no tanto como para que no lo viéramos. Dudo mucho que aquel día pasara.

En fin, ya no importa demasiado. La cosa es que, justo-justo y con suspense, pero hemos llegado a tiempo y podemos volver a por nuestra furgo sin más contratiempos. Además, en los buses de línea sí que admiten tarjeta y podemos pagar los 1380 ISK (unos 10 €) por cabeza.

El bus hace dos paradas en Seydisfjordur, la segunda de las cuales es justo en el mismo parking donde tenemos nuestra furgo. Todo está en orden y, por si acaso, pasamos por información a decirles que ya estamos aquí y nos la llevamos. Y ya de paso, aprovechamos y compramos la pegatina que hoy luce orgullosa nuestra GV.

Nos duchamos, guardamos los trastos del trekking y, sobre todo, nos pegamos todo un homenaje de desayuno. Sin racionamientos, ni sucedáneos. Café, leche de verdad, jamón-jamón, aguacate, salmón, fruta... Qué delicia! No hay como echar en falta algo, para valorarlo como se merece.

Sobre las 11:00 salimos de Seydisfjordur y recorremos la 93, una vez más, para volver a Eggilstadir. Solo que ahora no paramos y tiramos por la Ring Road (1) en sentido antihorario. Tenía en mente hacer la 917, de la que tengo buenas referencias. Es una carretera que discurre paralela al Jokulsa a Dal hasta casi su desembocadura, para luego acometer una subida de 600 m con rampas del 15% hasta lo alto de una de esas típicas moles separa-fiordos. Después se baja hasta el Vopnafjordur y mis referencias hablan de una carretera con grandes vistas a ambos lados. En el 2015 ya se me quedó en el tintero porque pillé nubes bajas al pasar por aquí y en los preparativos de este año había pensado en sacarme esta pequeña espina.

Pero finalmente la he descartado. Y es que este año no vamos a repetir la carretera 85 que va por la costa, llegando hasta las penínsulas de Langanes y Melrakkaslettarnes. Por lo que hacer ahora la 917 nos supondría dar un gran rodeo y nos alejaría de nuestro siguiente objetivo: el cañón de Studlagil.

Así es que dejamos atrás el desvío por la 917, continuamos por la Ring Road (1) unos 25 kms y hacemos una corta parada junto a Rjukandafoss. Se trata de una cascada que salva 139 m en varios saltos y que está casi a pie de carretera. Es una visita rápida que se hace siguiendo un corto y muy bien acondicionado camino. Lo más complicado puede ser conseguir sitio para aparcar en su pequeño parking. Se nota que hemos vuelto a la ruta turística principal y a duras penas encontramos un hueco en el que dejar nuestra GV con un par de maniobras.



A continuación, seguimos por la 1 y apenas 4 kms después nos desviamos por la 923 hacia el interior. Vamos por una carretera de tierra cuyo piso es bastante aceptable. El problema es que parece que lo están acondicionando y hay un tramo en obras. Y la obras en Islandia no se hacen como por aquí. La carretera sigue abierta mientras trabajan y la calzada (por llamarla de algún modo) está totalmente rota y repleta de agujeros.

A unos 14 kms después de abandonar la Ring Road (1), te encuentras con un cruce en el que ya se anuncia el cañón de Studlagil. Siguiendo recto se llega a un camping incluido en la tarjeta de la campingcard y situado en la orilla oeste del cañón. Desde aquí se tiene el acceso más fácil al cañón, ya que un corto paseo te lleva a la zona de pasarelas y miradores sobre él. Eso sí, hay que bajar (y luego subir) unos cuantos escalones.

Pero según mis notas, la visita al cañón es más interesante desde su orilla este. Por lo que en ese cruce nos desviamos a la izquierda siguiendo la señal que anuncia el Studlagil y en menos de 1 km bajamos hasta un puente, junto al que hay un parking donde dejamos la furgo. Pasando el puente y siguiendo el camino que va paralelo al río se puede seguir durante unos 2 kms más hasta llegar al parking oficial del cañón. Pero un cartel avisa que es de pago y preferimos darnos el paseo para reducir el impuesto revolucionario de los parkings. Además, hoy no hemos andado nada y tampoco queremos perder las buenas costumbres. Pero si se va con poco tiempo, no creo que merezca la pena ahorrarse el parking. Duele por el goteo, pero si echas cuentas de lo que cuesta llegar hasta aquí, el tiempo en Islandia es muy caro y, si no dispones de mucho, tampoco es cuestión de perderlo por el coste de un parking.

En fin, que aparcamos en el parking del puente y aprovechamos para comer. Después, salimos con una pequeña motxila en la que metemos las capas (el cielo se va oscureciendo por momentos) y nos lanzamos a cubrir esos 2 kms extras. Durante el trayecto nos cruzamos con varios grupos y comprobamos que no somos los únicos andarines.

Llegamos al parking oficial y vemos que hay muchos coches. Normal, el cañón de Studlagil es una de las principales atracciones del nordeste. Lo curioso es que se trata de un lugar desconocido hasta hace poco y del que ni siquiera habíamos oído hablar en el 2015. No en vano, el cañón y sus espectaculares columnas de basalto estaban sumergidas bajo las aguas del río Jokla, hasta que la construcción de una central hidroeléctrica desvió parte de su caudal. Como consecuencia de ello, el cauce original sufrió un descenso de nivel cercano a los 10 m y el cañón se hizo visible tal cual está ahora. La central se inauguró allá por el 2009, pero el cañón no se hizo conocido hasta que en el 2017 fuera utilizado en un anuncio publicitario. De ahí que solo aparezca en las crónicas de los viajeros que visitaron la isla después de esa fecha y que en mi guía Lonely del 2013 ni siquiera se haga mención de él.

Desde el parking arranca un sendero bien preparado que te lleva a la zona más espectacular del cañón. Por el camino se pasa junto a la cascada Studlafoss. No es de las más impresionantes dentro del estándar islandés, pero te entretiene mientras llegas al plato fuerte.



Pasada la cascada, en seguida se empieza a ver la parte superior de la pared oeste del cañón. También los miradores y el recorrido de ese lado. Y cuando ya nos acercamos a la zona principal, encontramos multitud de senderos que se acercan al borde e, incluso, que bajan hasta el nivel del agua. A estas alturas nos parece normal y acorde a lo que recordamos de nuestro primer viaje a Islandia. Pero después de lo que vimos más adelante, dudo que lo mantengan así mucho tiempo y supongo que no tardarán en ir cerrando caminos por los que transitar durante la visita, limitando la libertad con la que ahora nos movemos. Tampoco es extraño, porque si la cantidad de gente que nos encontramos aquí es la tónica a lo largo del verano, se hace difícil mantener el entorno en condiciones sin establecer ciertas restricciones. La verdad es que somos una plaga.

En fin, durante casi dos horas disfrutamos del lugar, que es una pasada. Empezamos viendo el cañón desde arriba y luego nos dedicamos a recorrer todos los rincones, bajando hasta el río y paseando por encima de las columnas que han sido erosionadas por el agua formando una calzada similar a la de los gigantes en Irlanda (aunque bastante más pequeña).



Desde aquí abajo se aprecian mucho mejor las formas del basalto. Y la esbelta pared del otro lado parece que está al alcance de la mano. En lo alto de la misma vemos a la gente asomada a los miradores, pero me da la impresión de que hemos acertado. De este lado se tiene una visión más completa del cañón. Porque lo puedes ver tanto desde arriba, como desde abajo.




Caminando por la parte baja voy salvando las zonas en las que el espacio se reduce y atravieso una pequeña caída de agua que hace algo resbaladiza la piedra. Así llego hasta la parte más estrecha del cañón. Donde una isla alargada de columnas de basalto resiste aún a la acción erosionante del río y deja a este encajonado entre dos paredes verticales.

Es la parte más espectacular y donde se concentra un mayor número de turistas. Aún sigo avanzando un poco más, pasando de columna en columna por el estrello pasillo que va quedando. Pero aquí ya no hay apenas margen y llego a un punto en el que me doy la vuelta. Hay alguno que sigue adelante y hace el recorrido completo, pero ese paso me parece algo arriesgado para mi y no quiero tentar a la suerte. Mirando hacia arriba, la pared impresiona.



Para subir de nuevo a la parte alta sigo el camino que hace todo el mundo y hay que andar con cuidado. Por su pendiente, porque la piedra está humeda y, sobre todo, porque somos muchos los que queremos subir y bajar por un espacio bastante estrecho.

Una vez arriba me reuno con mi mujer, que no entiende esta necesidad mía de bajar y recorrer todos los rincones posibles, y bordeamos la isla para subirnos a ella por detrás. Desde arriba la perspectiva es diferente y podemos ver también como el río llega al cañón formando varias pequeñas cascadas. Se puede seguir aún más allá caminando río arriba, pero con esto nos damos satisfechos y reemprendemos el camino de vuelta hacia la furgoneta.



A la altura del parking oficial nos empieza a llover. Primero suavemente, pero la lluvia en seguida se hace más fuerte y antes de que hayamos llegado a la furgo acaba cayendo una buena. Menos mal que hemos cogido las capas, porque si no terminamos con una tremenda caladura. Es lo que tiene venir al norte. Hay que ir siempre preparado, porque el tiempo cambia con mucha rapidez.

Al final hemos caminado 11 kms y nos ha parecido una visita imprescindible. Je, una más de las tropecientas que hay en la isla. Solo con los imprescindibles dan para dos meses, así es que cada uno deberá elegir los suyos. Lo que sí estoy convencido es que, como había leído, el cañón se ve mejor desde el lado que hemos elegido. Hay que caminar más, pero no te limitas a verlo desde miradores o caminos cerrados. Al menos a día de hoy. Puedes bajar hasta el mismo borde del agua y verlo desde dentro. También hay que tener en cuenta que la pared con las columnas de basalto más espectacular la ves mejor desde aquí, ya que la tienes en frente y no debajo.

Si se va con tiempo, tampoco es mala idea ver ambos lados. Una vez visto desde aquí, tampoco creo que lleve mucho tiempo echarle un ojo desde los miradores. Pero hoy no es nuestro caso. Había pensado en acabar el día en el camping del cañón, junto a las pasarelas, y entonces sí que las habríamos hecho. Pero con lo que hemos visto nos conformamos y preferimos avanzar kms para estar más cerca de nuestros próximos objetivos.

Con esa intención, desandamos la 923 y retomamos nuestro periplo por la Ring Road donde lo hemos dejado esta mañana. Seguimos por ella unos 50 kms, disfrutando de los típicos paisajes de esta parte del país y paramos en una pequeña área de descanso desde la que se tiene una espectacular panorámica. Una llanura inmensa de color eminentemente negruzco, aunque con pinceladas verdes aquí y allá, alguna masa de agua y un fondo de montañas algo difuminadas por la hora y, quizás, algo de bruma.



Casi seguido, llegamos a un cruce en el que nos desviamos por la 901 para llegar a Modrudalur. Lugar que nuestra guía define como un oasis en el desierto. En el que al parecer se halla la granja más elevada de Islandia, totalmente aislada del resto del mundo. Además, tiene uno de los campings incluido en la tarjeta campingcard. Razón por la que lo hemos elegido como final de etapa para hoy.

La carretera de acceso es lenta. No es de las malas-malas. Pero es de tierra y tiene muchos baches. Por lo que tenemos que reducir mucho la velocidad hasta que el traqueteo y las vibraciones se hacen llevaderas. Por suerte, son apenas 7 kms y llegamos en un salto.

Paramos y entramos en el restaurante que hace también las veces de recepción del camping. Mientras estamos allí vemos entrar bastante gente a cenar. Tiene buena pinta y parece que se come bien. Porque venir hasta aquí solo para cenar tiene lo suyo. Hacemos el check-in y pagamos únicamente los 400 ISK (unos 3 €) por la tasa turística. Es el primero que usamos de la campingcard, pero espero que sean muchos más para que la tarjeta nos salga rentable.

Cargamos agua y nos instalamos en el mejor hueco que encontramos. No es fácil porque está muy lleno. Hay bastantes caravanas y ACs, la mayoría de islandeses, y también vemos unas cuantas tiendas de viajeros que va en coches o motos. La verdad es que nos sorprende. No esperábamos encontrar tanta gente aquí, en un lugar tan alejado de las grandes atracciones. No sé si tiene que ver con el motivo que nos ha traído a nosotros (la campingcard), porque el camping en sí es muy sencillo. Una landa poco nivelada y con muy pocas tomas de electricidad. La carga de agua está en el exterior, junto a la entrada, pero la descarga de negras y grises está situada aparte, al fondo del camping. En un sitio poco accesible por las ondulaciones del terreno, que te obliga a dejar la AC a varios metros de distancia. Ambas descargas se hacen conjuntamente en un tubo que sale de la tierra y cuya boca se eleva como a medio metro del suelo. Vamos, el diseño ideal para evacuar las grises. De todos modos, esto último no nos extraña. Ya lo hemos visto en otros viajes y es algo bastante común en los países nórdicos.

Salimos a dar una vuelta y nos encontramos una bonita aldea, con sus casas tradicionales y su iglesia. Y sí, la verdad es que se puede decir que el lugar está ubicado en medio de la nada.






KoldoS

Marzo 14, 2026, 17:01:36 pm #46 Ultima modificación: Marzo 14, 2026, 17:14:36 pm por KoldoS
Día 16 (miércoles) Selfoss y Dettifoss: la bella y la bestia


Modrudalur - Detifoss/Selfoss - Asbyrgi
Recorrido día: 161 km (Total acumulado : 3272 km)



Hoy dormimos hasta tarde. Tras el primer trekking, se ve que estábamos necesitados de descanso y las sábanas se nos pegan más de lo habitual. Desayunamos y aprovechamos para desaguar. Tanto las negras como las grises van en el mismo tubo. Y estas últimas hay que vaciarlas a baldes y acarreándolas unas decenas de metros, porque el acceso es complicado. Parece diseñado para vehículos todo-terreno.

Antes de salir me acerco a la oficina que hay junto al restaurante y pregunto sobre las excursiones al Askja. Junto con Egilsstadir, este es uno de los puntos desde los que trabajan los operadores que ofrecen excursiones hasta la caldera y nos parece que puede ser más fácil hacerla desde aquí. Pero me dicen que solo operan ciertos días y que siempre es necesaria reserva previa. Ni hoy, ni mañana tienen salidas previstas. Buf! Pues pensaba que habría más oferta para una excursión tan típica y demandada. No me hubiera extrañado quedarnos fuera por encontrar los buses completos, pero no esperaba esto. Además, tampoco me convence nada el tener que reservar una excursión así con varios días de antelación. Estamos hablando de pagar más de 200 € por cabeza y no me hace ninguna ilusión el no tener cierto margen para poder elegir el día en función de la meteorología. Pagar esa pasta para que luego te salga un mal día y no puedas ver la inmensa caldera de Askja o bañarte en el volcán Viti, pues como que no. En fin, ya lo intentaremos desde Egilsstadir.

Salimos de Modrudalur por la misma 901 por la que entramos ayer y vamos disfrutando del paisaje, que hoy nos ofrece una mejor cara. Sigue habiendo nubes, pero la mayor luminosidad nos permite observar mejor los contrastes y paramos en la curiosa taberna que hay justo antes del cruce con la 1. Por mucho que no sea nuevo para mi, este paisaje desolador me sigue impactando. La carretera discurre por un inmenso desierto negro, en el que apenas crecen unos hierbajos de color verde chillón. Las montañas que ayer veíamos difuminadas, hoy se revelan teñidas de colores rojizos y con trazos de ese mismo verde escandaloso.



Volvemos a la Ring Road y recorremos unos 25 kms antes de desviarnos por la 864 en dirección a la cascada Dettifoss. La forma más sencilla y cómoda de visitarla es seguir la 862, accediendo a su orilla oeste por una carretera que ahora está totalmente asfaltada hasta Asbyrgi. En el 2015 solo estaba asfaltado el tramo sur entre Dettifoss y la Ring Road, y ese fue el lado desde el que la vimos. Pero me quedé con ganas de visitarla también desde el lado este y me quiero quitar esa espina. Ya que tengo leído que desde ahí es aún más espectacular y que te puedes acercar más hasta el borde.

El problema es que la 864 no está asfaltada y sigue siendo una pista con la temible toile ondulé. En cuanto pasamos la granja de Grimsstadir, dejamos atrás la parte dulce y nos metemos de lleno en una sucesión de estrías insufrible. Unos pocos metros nos bastan para comprobar que nuestros recuerdos no eran exagerados. Da igual por dónde vayas, porque no hay rodada buena. Tampoco ayuda ir más o menos rápido, porque la vibración es insoportable. Al final acabas conduciendo en 2ª y los kms se hacen muy largos. Hacer los 28 kms que separan Dettifoss de la Ring Road nos lleva algo más de 1h30.



Para más inri, antes de llegar entramos en un banco de niebla y vemos que la visibilidad va a ser bastante reducida. Qué mala suerte! Sufrir esta tortura de trayecto para quedarnos con la miel en los labios. En fin, aparcamos en el parking y bajamos por el camino que se dirige hacia el estruendo que anuncia la cascada.

Una vez abajo nos encontramos con cuerdas que marcan los senderos y limitan las partes a las que se puede acceder. Te permite asomarte a algunos salientes que ejercen a modo de miradores sobre Dettifoss, pero ya no se puede llegar hasta el borde y te quedas a una cierta distancia. De todos modos, lo peor es la escasa visibilidad. Vemos la cascada y poco más. La otra orilla apenas se ve entre la niebla y todo el agua que se levanta en suspensión.

A continuación, emprendemos el camino hacia Selfoss, que se encuentra a poca distancia aguas arriba. El sendero es evidente en todo momento y en seguida deja de estar encerrado entre cuerdas. Pero la cosa no mejora y nos volvemos a la furgo decepcionados.

Aprovechamos para comer en el parking y según pasa el tiempo vemos que la niebla empieza a levantar. Así es que volvemos a bajar y, ahora sí, podemos admirar en todo su esplendor la fuerza de la "bestia". Con sus más de 200 m3 por segundo, Dettifoss es la cascada más caudalosa de Europa. Y bien que se nota. Es una auténtica brutalidad. Ver caer tal cantidad de agua a ese velocidad, hipnotiza. El ruido es ensordecedor y la cascada se precipita con tanta fuerza que es imposible ver dónde rompe. Porque el agua rebota violentamante y sale disparada hacia arriba formando nubes que acaban empapando las paredes del cañón.




Pasamos por los distintos miradores y sacamos mil fotos. Aunque ya no se puede llegar hasta el borde, sí que se ve desde más cerca de lo que recuerdo de nuestra anterior visita por el otro lado.



Recorremos de nuevo el sendero hasta Selfoss (la "bella") y, ahora sí, comprobamos lo que ya habíamos leído. Esta cascada se abre hacia ambos lados, formando un amplio arco de cortinas de agua. Y desde este lado se tiene una mejor vista. Primero, porque el brazo oeste de ese arco es más largo y, segundo, porque en esta orilla se puede llegar más lejos y situarte más cerca del corazón de la cascada. De este modo, vas viendo bastantes metros de cascada justo en frente de ti y tu campo de visión sobre el anfiteatro de saltos es más amplio.



A la vuelta paramos en una playa y bajamos a la arena negra. Aquí, entre ambas cascadas, el agua pierde algo de velocidad y baja un poco más calmada. Lo que nos permite observar más claramente el llamativo color gris plomizo del río Jokulsa a Fjollum.



El tiempo pasa y volvemos hacia la furgo sin poder evitar parar otra vez en los miradores de Dettifoss. Son lugares que te atrapan y de los que te resulta muy difícil marchar. Quieres grabar todas esas imágenes en tu retina y temes que tu memoria se haya quedado sin capacidad para captar todos los detalles.

Y ya arriba, una última mirada atrás para ver ambas cascadas en un mismo enfoque. También para admirar el cañón de Jokulsargljufur aguas abajo de Dettifoss. Allá al fondo se adivina el agua en suspensión que levanta una tercera cascada: Hafragilsfoss. De momento nos conformamos con esto, aunque tenemos intención de hacer una ruta por ese cañón y llegar hasta esa cascada. Pero eso será mañana o pasado, y por la otra orilla.



Cuando mi mujer logra sacarme de allí, casi a empujones, regresamos a la Ring Road sufriendo la misma pista por la que hemos venido. He dudado si continuar hacia el norte y completar la 864 para llegar a Asbyrgi. Pero según mis notas, ese tramo es aún peor y además eso nos supone 4 o 5 kms adicionales hasta llegar al asfalto. Y 4 kms más de toile ondulé son para pensárselo mucho. Así es que, más vale malo conocido que...

En fin, otra hora y media vibrando para volver a la Ring Road. Mi mujer me dice que no merece la pena meterse esta petxada para verlo por este lado. Y puede que tenga razón. No sabría qué aconsejar. Si hacerlo por aquí o conformarse con verlas cómodamente desde el lado oeste. Supongo que dependerá del tiempo con el que se cuente, de si vas en un 4x4 o no, de si quieres cuidar tu vehículo o vas despreocupado con uno de alquiler, o de los gustos de cada cual. Pero yo no me arrepiento de haber venido y a mí, desde luego, sí que me ha merecido la pena. Tenía este espina clavada y me la he sacado. Ver Dettifoss tan de cerca y casi a ras del salto creo que lo justifica.

Una vez en la Ring Road, cruzamos el Jokulsa a Fjollum y seguido cogemos la 862 para subir hasta Asbyrgi. Hemos dado un enorme rodeo, porque ambas carreteras (862 y 864) discurren paralelas al río, cada una por su orilla. Pero la 862 está ahora asfaltada en su totalidad, por lo que recorrer los aproximadamente 60 kms entre la Ring Road y Asbyrgi no nos lleva demasiado tiempo.

Llegamos al camping (no incluido en la campingcard) y paramos en una caseta que creemos hace las veces de recepción. Pero resulta ser la caseta de información del PN que está a la entrada del camping. El hombre de la caseta nos dice que la reserva hay que hacerla on-line, pero nos ve tan perdidos que se ofrece a hacérnosla él. Qué amable! Cogemos una parcela con electricidad que nos sale por unos 54 € y la verdad es que le lleva un rato encontrar alguna que esté libre.

El camping está muy bien. Es bastante amplio y se halla en una agradable landa. Justo a los pies de la isla de Eyjan, que se alza en medio de la garganta de Asbyrgi. Además, las parcelas son grandes y, aunque hay bastante gente, el espacio entre unos y otros es lo suficiente como para sentirte cómodo.

Hemos venido hasta aquí con intención de hacer nuestro segundo trekking en la isla. Queremos hacer la travesía entre Asbyrgi y Dettifoss, siguiendo el cañón de Jokulsargljufur por su orilla oeste (la misma por la que hemos venido). También la podríamos haber hecho saliendo desde Dettifoss y evitarnos hacer hoy la 862. Pero en todas las referencias que he consultado aconsejan hacerla en este sentido y, además, aquí tenemos camping para dormir la noche previa.

Esa era la intención. Pero consultamos la meteo y vemos que solo tenemos un día más de buen tiempo. Pasado trae lluvia y después parece que se espera unos días de tiempo revuelto. Así las cosas, desechamos hacer los 2 días de trekking. Decidimos hacer mañana la primera jornada y llegar solo hasta Vesturdalur. Para eso no necesitamos acarrear material y nos basta con las motxilas de ataque, mucho menos pesadas. Si nos levantamos pronto y andamos ligeros, a la tarde podremos hacer también la parte del cañón cercana a Dettifoss y aprovechar mejor el día de buen tiempo.

Mando un email a la taxista para confirmar que mañana nos vaya a buscar a Vesturdalur y me voy a dar una vuelta por la garganta de Asbyrgi. Llego hasta el vértice de la isla de Eyjan y sigo pensando lo mismo que en el 2015. Es un lugar curioso por estar encerrado completamente entre esas paredes, pero no me parece que esté entre lo más espectacular de Islandia. Además, desde aquí abajo no se aprecia bien que la isla emerge solitaria en medio del cañón. No se identifica lo que la leyenda dice que es la huella del caballo de Odín.






KoldoS

Día 17 (jueves) Va de cañones: Asbyrgi y Jokulsargljufur


Asbyrgi - Vesturdalur - Dettifoss - Husavik
Recorrido día: 128 km (Total acumulado : 3400 km)



Hoy queremos aprovechar el día y procuramos que no se nos peguen las sábanas. Pero como no hemos puesto despertador, nos acabamos levantando bastante más tarde de lo que queríamos. Desayunamos, preparamos todo y sacamos la furgo al parking de la entrada, junto a la caseta de información. Al final, para cuando empezamos a andar son casi las 10:00.

La parte inicial de la ruta de hoy coincide con la Rother 26. Aunque nosotros no la haremos circular y, una vez llegados al mirador sobre el cañón del Jokulsa, seguiremos paralelos a él hasta alcanzar Vesturdalur. Arrancamos por la carretera hacia el fondo de la garganta de Asbyrgi. Pero en seguida la dejamos y cogemos un sendero que nos lleva a la pared del cañón. Ya me lo conozco de nuestra anterior visita y vamos directos hasta la escalera mediante la que se salva esa pared.

En la información del PN no aconsejan subir por aquí si se va con motxilas pesadas. No es nuestro caso, pero creo que tampoco supondría un gran problema de haberlas llevado encima. La escalera está dividida en 2 tramos de una decena de escalones cada una. La primera es bastante empinada, mientras que la segunda tiene una pendiente muy normalita. Ambas tienen barandilla en uno de sus lados. Y entre ambos tramos, hay unos metros que salvas ayudándote de una cuerda. Como digo, no creo que suponga un problema a casi nadie, aunque vayas cargado.

Una vez arriba, ya se trata de llanear siguiendo un sendero siempre evidente, que nunca se aleja mucho del borde del cañón. De vez en cuando hay desvíos que te llevan hasta el mismo filo y que te ofrecen buenas panóramicas. Desde aquí arriba la perspectiva sobre la depresión de Asbyrgi es mucho más agradecida y resulta fácil ver lo que la leyenda identifica como la pisada del caballo de Odin. Con leyenda o sin ella, la verdad es que tiene una forma muy curiosa. Únicamente abierta hacia el mar por su parte norte, la amplia llanura de Asbyrgi está limitada por una pared vertical que surge abruptamente y que la cierra completamente siguiendo una línea curva en forma de herradura. Y justo en medio, se alza la isla de Eyjan, cuyas paredes son igualmente verticales. Está claro, es la huella de un caballo herrado.

La mejor vista se tiene, sin duda, cuando se llega al mirador de Klappir (4,5 km y 1h30), situado justo al fondo de la garganta y en el centro de la herradura. Abajo se tiene el lago de Botnostjorn, lugar al que llegan los autobuses de la mayoría de turistas. Y arriba, pero un poco más adentro, nos encontramos una surgencia que forma un pozo y abre una pequeña garganta.



A partir de aquí atravesamos la meseta que separa Asbyrgi del cañón del Jokulsa por un sendero que va entre vegetación baja y que se nos hace un tanto aburrido. La única distracción en este tramo es una zona de rocas areniscas, con formaciones bastante llamativas. También son curiosas las flores que crecen en esa arena negra. Parece mentira que ahí pueda brotar nada.



Tras un buen rato jugando a descubrir formas, seguimos por la meseta y llegamos al mirador de Kuahvammur después de recorrer 8 kms en 2h30. Nos volvemos a asomar al cañón del Jokulsa a Fjollum, que ya vimos ayer desde Dettifoss, pero que aquí es más abierto. Las vistas son privilegiadas y el cañón nos va acompañando a lo largo de los próximos kms. El sendero corre paralelo a él, aunque a ratos se mete hacia el interior y se nos hace largo. En la última parte de este tramo las formaciones rocosas de Vesturdalur ya empiezan a ser visibles a lo lejos, en el río.



Pasadas las 14:00 llegamos a Vesturdalur. Mi GPS marca 14,5 kms y 4h15 de ruta. Normal que se nos haya hecho algo largo. Y es que mis notas hablaban de una etapa algo más corta y aún nos quedan algunos kms para llegar al camping, donde se suponía que acababa.

La zona de Vesturdalur es, junto a Asbyrgi y Dettifoss, lo más visitado del PN de Vatnajokull Norte (o lo que es lo mismo, del cañón de Jokulsargljufur). Sobre todo, desde que la 862 ha sido totalmente asfaltada y ya se puede acceder hasta aquí en todo tipo de vehículos. Porque en nuestro anterior viaje solo se podía llegar en 4x4 o andando, como hemos hecho nosotros. En realidad se trata de una zona bastante amplia en la que se engloban varias partes con características muy diferentes: Hljodaklettar y sus curiosas formaciones con columnas de basalto retorcidas, el volcán rojo de Raudholar, los trolls petrificados de Karl og Kerling o la más apartada Holmatungur.

Nosotros no tenemos un plan definido para recorrerla y mis notas hablan de más de 3h para visitarla con calma. No tenemos tanto tiempo y nos centramos en dos de esas partes. Lo que viene a ser el recorrido propuesto por la Rother 27, solo que para nosotros no va a ser circular. Cuando llegamos a la zona desde el norte, encontramos un sendero cerrado con cuerdas y cogemos la desviación que nos lleva hacia el pico rojo de Raudholar. En realidad se trata del cráter de un volcán y su característico color rojo se debe al tipo de material expulsado.

Subimos hasta donde está permitido, ya en el cordal cimero pero a unos cientos de metros de la cumbre. Una cuerda impide seguir subiendo, aunque la marca del sendero que va hacia la cima me hace pensar que se trata de una limitación reciente. En cualquier caso, desde aquí tenemos unas magníficas vistas. No solo es un perfecto lugar para observar de cerca la montaña roja, sino que también ofrece un balcón privilegiado sobre el cañón del Jokulsa. La verdad es que esa mezcla de gravas rojizas y negras, con alguna zona verde en una de sus vertientes, hacen de Raudholar una imagen muy llamativa. A mi es lo que más me gusta de la zona.



A continuación, seguimos el sendero en dirección sur y nuestra atención se centra en las formaciones rocosas de Hljodaklettar (que significa "rocas resonantes"). Perdemos altura rápidamente y nos metemos de lleno en un recorrido que va haciendo curvas entre curiosas formaciones de material volcánico. El sendero está perfectamente delimitado y preparado, aunque en distintos puntos tiene que salvar las rocas y no resulta apto para personas con movilidad reducida. La lava se solidificó formando estratos que parecen no haberse puesto de acuerdo en nada. Porque presentan una caótica variedad de planos: horizontales, verticales y oblicuos con distintos grados de inclinación.

Y entre esa amalgama de materiales destacan las capas compuestas por columnas de basalto. Columnas que, lejos de conformar un ordenado plano de piezas paralelas entre sí, se suman a ese caos libertino y forman sorprendentes espirales, estructuras en panal o el famoso pliegue que dibuja una cueva conocida como Kirkjan (iglesia). Respecto a esta última, en el 2015 vimos la Kirkja de Dimmuborgir (en Myvatn), pero esta de Hjodaklettar es sin duda mucho más interesante.



La zona es más grande de lo que esperaba y tiene mucho para ver, por lo que nos lleva su tiempo y al final andamos con prisas para llegar al parking en el que hemos quedado con la taxista. Y mi mujer acaba disgustada porque hubiera querido disfrutar más tranquilamente de Hjodaklettar. A ella es lo que más le ha gustado. Lo que está claro es que las dos horas de las que hemos dispuesto no son suficientes ni siquiera para recorrer Raudholar y Hjodaklettar. No al menos si se quiere hacer una visita exhaustiva. No digo nada ya si se quiere ver también las zonas del Karl og Kerling y/o la de Holmatungur.

Nosotros salimos de allí pensando que hemos visto las formaciones de Karl og Kerling (el viejo y la vieja). Ya que como tal hemos identificado la muralla rocosa que hemos visto en el río. Muralla en la que el agua ha abierto un boquete y la ha partido en dos, dejando un bastión en cada orilla. Pero ya en casa he comprobado que no. Karl og Kerling son dos pilares de roca que se hayan en un recodo del río, situado aún más al sur. Mis notas dicen que unos 2 kms aguas arriba.

En fin, sobre las 16:00 llegamos al parking y damos por finalizada una ruta que al final nos ha supuesto recorrer 18,2 kms sin demasiado desnivel, a excepción de la escalera de Asbyrgi y alguna subida/bajada en las formaciones rocosas del final (en total +465 m y -366 m). Lo que nos ha llevado unas 6h, dos de las cuales las hemos invertido en visitar los aproximadamente 3 kms del circuito en Vesturdalur.

La taxista, que tiene un alojamiento turístico con cabañas cerca de Asbyrgi, nos deja en la entrada del parking por un precio "made in Iceland". Bien parece que ha hecho un viaje desde la otra punta del país y no de los apenas 20 kms que separan Asbyrgi de Vesturdalur. Y es que no cobra por viaje, sino por persona (5250 ISK) con un mínimo de 2 pasajeros. Es lo que hay. Esto es Islandia y todo es carísimo. Y cada vez más, porque desde el 2015 ha subido una barbaridad lo que ya entonces era caro.

Pero no hay tiempo para lamentaciones. La tarde se ha quedado preciosa y hay que aprovecharla. Un tentempié rápido y salimos con la furgo por la ya conocida 862 para volver atrás hasta el parking oeste de Detifoss. Mi mujer ya ha tenido bastante por hoy y se queda descansando. Luego dará un paseo para recorrer tranquilamente los miradores sobre las cascadas que ya vimos ayer desde el otro lado.

Mientras, yo salgo dispuesto a patear por el cañón del Jokulsa (Jokulsargljfur), haciendo el final de lo que hubiera sido la 2ª etapa del trekking Asbyrgi - Dettifoss. Esta ruta también esta descrita en la Rother 29, aunque en este caso propone una circular que va por fuera del cañón y vuelve por dentro.

Mi interés se centra en su interior, así es que voy directo hacia el cañón. Paso junto al mirador superior sobre Dettifoss y no puedo evitarlo. Hago una breve parada para echarle un ojo y, sobre todo, para no hacerlo un feo pasando sin verla. De todos modos, solo una ojeada. Ya le dedicaré su tiempo a la vuelta.

Retrocedo unos metros por la pasarela de metal y salgo por uno de los pocos espacios abiertos en este entramado de senderos cerrados. Bajo así a un terreno polvoriento y lleno de piedras, en el que el camino está marcado con estacas amarillas.

A poco más de 500 m empiezo a bajar y llego al punto en el que está la cuerda de la que hablan todas las referencias de esta ruta. Se trata de una corta, pero empinada bajada en la que han instalado una cuerda para ayudarte a progresar. Desaconsejan subir por aquí cuando se va con motxilas pesadas, aunque a mi no me parece un problema insalvable si se llega con fuerzas y, como hoy, el terreno está seco. Creo que bastaría con ir con cuidado. Superado ese punto, se sigue bajando entre rocas, pero ya con menos pendiente.

Una vez finalizado el descenso, me encuentro ya dentro del cañón, a la altura del río. Como ya suponía, impresiona verlo desde aquí abajo, flanqueado por esas enormes paredes. La luz vespertina que ahora mismo ilumina el paisaje me regala unos momentos muy especiales. No tenía dudas de que esta ruta iba a merecer la pena, y lo que voy viendo a cada paso me lo confirma.



Voy siguiendo las estacas que van más o menos paralelas al río y salvo la zona más complicada. La curva del río llega casi hasta la pared del cañón y se come toda la orilla. De modo que hay que pasarla por encima de un derrumbe de bloques. Si vas con el motxilon, me parece más complicado esto que la parte de la cuerda.

Tras recorrer poco más o menos 1 km por el fondo del cañón, empiezo a oir el ruido de la cascada Hafragilsfoss. Según me voy acercando a ella, el suelo empieza a estar inundado. Algunas maderas ayudan a pasar las zonas más encharcadas, pero en otras tengo que ir buscando piedras donde pisar para no acabar con las botas llenas de barro. También me tengo que poner el chubasquero, porque la nube de agua en suspensión que levanta la cascada empieza a calar.

Hafragilsfoss es también una cascada poderosa. No en vano, por aquí pasa el mismo agua que por Dettifoss y su ancho no es mucho mayor. Y como en aquella, el agua que cae también sale despedida hacia arriba tras chocar contra su base. Pero como el salto es menor en altura (27 m de caída por los 44 m de Dettifoss), pues los chorros casi llegan a cubrir la mitad de la cascada.

Después sigo un poco más y llego a la parte más espectacular del cañón. Sin duda, ha merecido la pena venir hasta aquí. Encima tengo la suerte de disfrutarlo en soledad. La verdad es que no entiendo cómo llega tan poca gente hasta un lugar tan impactante. Puede que sea por la hora, ya que entre una cosa y otra se me ha hecho un poco tarde y son ya más de las 19:00. Pero la cosa es que solo me he cruzado con dos grupos en todo el recorrido y en esta zona estoy completamente solo.



Continúo por el sendero hasta que veo que este abandona el margen del río y tira para arriba. Punto en el que me doy la vuelta y regreso por el mismo camino. Me ha gustado tanto, que prefiero repetirlo a completar la ruta Rother 29 y volver por el camino fácil (el externo al cañón).

Al final han sido solo unos 6 kms con 200 m de desnivel. Poca cosa, aunque sumado a lo de antes ya se nota en las piernas. En todo caso, vuelvo contento, pero convencido de que hoy no hemos acertado. Tengo claro que, de hacer una, la etapa a elegir es la que hay entre Vesturdalur y Dettifoss. Si volviera atrás, iría de Dettifoss a Vesturdalur, pasando por este cañón, Hafragilsfoss, Holmatungur y Karl og Kerling. Y luego ya, una vez en Vesturdalur, recorrer Hljodaklettar y Raudholar.

Otra muy buena opción, si no se tiene tiempo o ganas para hacer una caminata larga, es hacer lo que hace todo el mundo. Moverse en coche de un sitio a otro y ver lo más significativo de cada una de las 3 zonas. Eso sí, yo recomiendo llegar a Hafragilsfoss sí o sí, y ver esa parte del cañón. Para mi gusto, de las 3 zonas (Asbyrgi, Vesturdalur y Dettifoss) Asbyrgi es la más prescindible. Las otras dos hay que visitarlas sin falta.

Pero bueno, volviendo al día de hoy, cuando regreso del cañón me junto con mi mujer y, ahora sí, dedico su tiempo a visitar las cascadas de Dettifoss y Selfoss desde esta orilla oeste. Y como ya he dicho antes, lo primero que nos llama la atención respecto a nuestra visita del 2015 es que ahora toda la zona está acotada y solo se puede caminar por los senderos marcados con cuerdas.

En lo que respecta a Dettifoss, además, han cerrado el acceso a los miradores inferiores y ahora la cascada se ve desde dos plataformas situadas a mayor altura y algo más alejadas. En todo caso, las vistas sobre Dettifoss son impresionantes y no defraudarán a nadie.



Luego vamos a ver Selfoss y nos encontramos que también nos quedamos algo más lejos que en el 2015. Eso sí, la luz de la que disfrutamos hoy no tiene nada que ver con la que tuvimos entonces. Ni siquiera con la de ayer. Hoy ambas cascadas están radiantes y hace una tarde maravillosa para dar un paseo. Así es que nos lo tomamos con calma y disfrutamos un buen rato de este maravilloso rincón islandés.



Cuando salimos de aquí son ya más de las 20:30 y busco un lugar para pasar la noche. El camping más cercano en el que admiten la campingcard está en Husavik, así es que enfilamos hacia el norte por la 862 (sí, otra vez).

Y cuando pasamos por Vesturdalur no podemos evitar hacer una parada rápida para verlo desde el mirador superior. Las vistas son magníficas y nos permiten tener una visión global más precisa de lo que es el entorno de esta zona. Estamos justo encima de Hljodaklettar y Raudholar se ve también perfectamente. Incluso se ve el meandro en el que se hallan Karl og Kerling.

Hecha la paradita, continuamos hasta Asbyrgi y cogemos la 85 que nos lleva a Husavik. (la ciudad del norte, que no el refugio del este donde hicimos noche en el trekking). El camping está a la entrada de la población y nos lo encontramos a tope. Además con sorpresa. Mañana empiezan las fiestas y un cartel avisa de que estos días no admiten la campingcard. Vaya! A este paso nos va a resultar difícil amortizar la tarjeta.

Después del mosqueo reviso la web de la Campingcard y veo que esta circunstancia está allí perfectamente indicado. En fin. Cuando lo he mirado antes no lo he leído y hemos venido por aquí en balde. De haberlo sabido hubiéramos tirado por la Ring Road y buscado otro camping que no nos hiciera dar este rodeo.

Aparcamos en un hueco que vemos libre, junto a los baños, y pagamos 2200 ISK por persona (unos 31 € entre los dos). Por cierto, el encargado es un italiano que habla perfectamente castellano y nos explica que ese es el precio de hoy. Porque el fin de semana sube bastante más.

Las duchas están bastante bien y aprovechamos para tomarnos una sin ahorrar agua. Y como el camping también tiene lavadoras, hacemos la primera colada en Islandia para lavar toda la ropa de monte usada en el trekking (1600 ISK/11 € por el lavado más el secado). El problema es que, como hay tanta gente, es difícil pillar turno. En las lavadoras lo conseguimos más o menos rápido después de las duchas. Pero con la secadora es mucho más complicado. Las dos secadoras están continuamente ocupadas y siempre hay cestas de ropa mojada esperando. Al final nos vamos a la cama y dejamos también nuestra cesta allí, con la intención de salir en medio de la noche para pillar la secadora libre y poder poner a secar nuestra ropa.






KoldoS

Marzo 29, 2026, 18:01:35 pm #48 Ultima modificación: Marzo 29, 2026, 18:17:42 pm por KoldoS
Día 18 (viernes) Myvatn: el lago de las moscas


Husavik - Lago Myvatn - Grjotagja - Hverfjall - Godafoss - Akureyri - Olafsfjordur
Recorrido día: 241 km (Total acumulado : 3641 km)



Vaya nochecita! Me he tenido que levantar 3 veces para pillar la secadora. Ayer puso el despertador a la hora que marcaba su contador, pero por lo que se ve no fui el único al que se le ocurrió y alguien se me adelantó. Cuando llego, la secadora ya ha iniciado un nuevo ciclo. Repito la operación y a la segunda me pasa lo mismo. Así es que tengo hacerlo una tercera vez. Pongo el despertador con algo más de margen y, ya amaneciendo, me quedo esperando hasta que acabe el secado en marcha. Haciendo guardia para que no se me adelanta nadie más. Cuando por fin acaba, saco la ropa seca a una canasta vacía que había allí y meto la nuestra. Por fin puedo volver a la cama para echar el último sueñecito, con la tranquilidad de saber que hoy salimos con toda la ropa limpia y listos para el siguiente trekking.

Cuando nos levantamos está lloviendo. Parece que ya está aquí el cambio de tiempo anunciado. De todos modos, no cae con mucha fuerza y mientras desayunamos incluso vemos abrirse algún claro. Igual hay suerte y podemos aprovechar el día. Con esa idea, recogemos la ropa ya seca y nos ponemos en movimiento.

Atravesamos Husavik, pasando por el puerto, donde ahora mismo no se ve mucho movimiento. Y es que no hace un día para embarcarte y salir a buscar ballenas. Posiblemente este sea el puerto más utilizado en Islandia para realizar esta actividad. No en vano, en algunos folletos la publicitan como "la capital de las ballenas" y prácticamente está garantizado ver cetáceos en las excursiones de unas 3h que ofrecen varias compañías por un precio bastante elevado (13500 ISK/unos 95 € por cabeza). Como nosotros ya lo hicimos en el 2015, no entra en nuestros planes repetir la experiencia y preferimos invertir ese tiempo y dinero en otras cosas.

Así es que seguimos ruta y tomamos rumbo en dirección al lago Myvatn, otra de las zonas estrella del norte de Islandia. En nuestro anterior viaje ya visitamos los castillos de lava de Dimmuborgir, las formaciones rocosas de Kalfastrond emergiendo del lago y los pseudos-cráteres de Skutustadir. También algunas zonas cercanas que suelen "venderse" turísticamente como parte del recorrido por el lago: la zona volcánica de Krafla (con el volcán Viti y el cráter de fisura de Leirhnjukur) y la zona de las solfataras de Hverir y el Námafjall. Esta vez queremos centrarnos en otras atracciones que no conocemos y aprovechar para pasar por la oficina de turismo de Reykjahlid.

Lo que sí repetimos es la parada en el mirador sobre el lago Myvatn a pie de la Ring Road. Encima ha dejado de llover y las nubes oscuras han ido desapareciendo. Parece que el día va a quedar mucho mejor de lo anunciado y ahora mismo tenemos una bonita luz iluminando el lago. También se ve perfectamente el cono del volcán Hverfjall que luego visitaremos.



Pero antes pasamos por Reykjahlid en busca de información para ver si finalmente podemos ir al Askja y pasar un par de días por allí haciendo alguna ruta. Pero donde antes estaba la oficina de turismo ahora hay una tienda de ropa. Por lo que se ve, la han trasladado a la zona de Skutustadir, en la orilla sur del lago. Antes de dirigirnos hacia allí, echo otro vistazo a la meteo y no son buenas noticias. Vienen días de mal tiempo en esa zona. Vaya, las tierras altas son palabras mayores con mal tiempo y no podemos quedarnos más por aquí. Así es que, con todo el dolor del corazón, descartamos adentrarnos en ellas para visitar la caldera del Askja. Segundo viaje y tampoco podemos conocer uno de los principales destinos de las tierras altas. Mala suerte.

En fin, qué le vamos a hacer. No hay tiempo para lamentaciones y seguimos adelante, enfilando hacia la cercana cueva de Grjotagja. Paramos en su parking gratuito y buscamos la entrada a esta fisura que está inundada con un agua termal demasiado caliente para bañarse (unos 45º). Siempre ha sido un lugar visitado, pero su popularidad entre los turistas ha crecido exageradamente tras aparecer en una mítica escena de la serie Juego de Tronos. Algo que se nota en cuanto llegas. El remolino de gente apilado ante un agujero ya te indica por dónde se entra a la cueva. Toca esperar turno en la cola y cuando entras te encuentras un espacio bastante reducido en el que resulta complicado moverse entre tanta gente.

La verdad es que el agua, de un color azulado, es bonita y la cueva tiene su aquel. Pero nosotros salimos de allí con la sensación de que no merece la pena invertir tiempo en ella. Supongo que a los fan de la famosa serie les llamará la atención. Pero a mi, que no la he visto, no me dice gran cosa. Y, visto lo visto, desechamos hacer el sendero (Rother 32) que lleva a Storagja. Otra conocida cueva con agua termal en la que antes solían bañarse los lugareños, pero en la que hace ya un tiempo que se desaconseja totalmente por la existencia de algas nocivas.

De todos modos, damos un corto paseo por el entorno, pasando junto a una larga grieta y caminando entre lava solidificada, con un fondo de montañas de colores pasteles. A mi que me gustan más esas vistas que la propia cueva.



Nuestro siguiente objetivo es el cráter del volcán Hverfjall, que está muy cerca. Pensamos en ir andando desde aquí por un sendero de unos 2,5 kms. Pero al final vamos con la furgo y nos encontramos un parking de pago en el que una cámara te graba al entrar y salir por la carretera de acceso. El aparcamiento tiene una caseta con baños nuevos y sale por los 1000 ISK (7 €) estandar de los parkings, que aquí se pagan con tarjeta en una máquina.

Subimos por el camino fácil, el que sale desde el propio parking y tira para arriba con una pendiente moderada aunque por un terreno bastante cansino (básicamente de grava suelta). Pero hay otra subida mucho más empinada que hacen quienes vienen andando desde la zona de Dimmuborgir (Rother 30) en un paseo de unos 2 kms. Cuando llegamos arriba vemos el interior del cráter y tomamos conciencia de su magnitud. Es un enorme agujero con forma de circunferencia casi perfecta, que tiene un diámetro de aproximadamente 1000 m. Una pasada! Yo al menos no me esperaba que fuera tan grande. También destaca un montículo que parece marcar su centro geométrico y, sobre todo, su gris-marrón. Color cuyas tonalidades van cambiando según el movimiento de las nubes lo van iluminando más o menos.



Esta sí que me parece una visita en la que merece la pena entretenerse. Por lo que damos la vuelta completa al cráter y lo observamos desde todos los ángulos posibles. La disfrutamos sin prisas y nos entretenemos también admirando las impresionantes vistas que desde el borde se tienen de toda la zona. A un lado destacan el lago y un buen número de islotes verdes que lo salpican. Mientras que el otro ofrece una amplia panorámica de colinas y valles, pincelados con esa extraña gama de colores y tonos tan habitual en la isla.



Cuando bajamos después de andar poco más de 4 kms, ya aprieta el hambre y buscamos un sitio tranquilo para comer. Lo encontramos en un pequeño apartadero junto al bidegorri que va por la orilla del lago. Durante el rato que estamos aquí, el clima islandes nos muestra su grado de locura y juega con nosotros. Ahora se cubre y llueve con ganas, ahora se hace la luz y todo brilla de forma casi burlona.



Y ya con lo visto damos por finalizado nuestro segundo periplo por el lago Myvatn. Cuando empecé a preparar el viaje, me propuse repetir la agradable experiencia de bañarte en la laguna azul del norte. Y esta vez quería vivirlo de noche. En el 2015 ibamos con los niños y no eran horas para ellos, aunque me pareció que tenía que ser una gozada sumergirte en ese agua calentita abrazado por la oscuridad. Pero un primer vistazo a los precios actuales me dejaron ojiplático y no tardé en dejarlo para otra vida, cuando me salga el dinero por las orejas. Y es que lo que en el 2015 nos salió por unos 70 € los 4 (dos adultos y dos menores), diez años despúes anda por los 52 € cada adulto. Una auténtica barbaridad!

Así las cosas, nos despedimos de la zona del lago y tiramos por la Ring Road hacia el oeste. Tras unos 50 kms llegamos a Godafoss, la casada de los dioses. Conocida así porque aquí se arrojaron las imágenes de los dioses paganos cuando el parlamento islandés decidió abandonar esos credos y abrazar el cristianismo allá por el año 1000.

Paramos en el parking de su orilla este, que sorpredentemente sigue siendo gratuito, y vamos directos a los puntos desde los que más nos gustaron las vistas en nuestra anterior visita. Primero recorremos los miradores y vemos el conjunto desde arriba, asomándonos sobre alguno de los saltos. Y luego bajamos a la orilla del río para ver la cascada de tú a tú. La tarde se ha quedado tristona, llueve a ratos y amenaza tormenta. Pero Godafoss sigue siendo una belleza imprescindible, incluso con esta luz.



Si se anda escaso de tiempo y hay que elegir un lado, sin duda la orilla este es la que ofrece mejores vistas. Pero yo sigo recomendando ver ambas. Para ello, podéis mover el vehículo al parking del otro lado o, mejor aún, ir caminando. Es lo que hacemos nosotros. Así no se hace un feo a la más modesta Geitafoss (cascada de las diosas).



Cuando salimos de aquí son más de las 18:00 y hay que ir pensando dónde vamos a pasar la noche. Mi idea original era tirar millas por la Ring Road para ganar tiempo y huir de este mal tiempo que se nos viene encima. Pero por esa ruta no hay campings incluidos en la campingcard. Es lo malo de la tarjeta. Si quieres sacarle partido te condiciona la ruta para poder ir aprovechándolos. Como nosotros vamos con tiempo, no me importa demasiado repetir la carretera que bordea la península de los Trolls (82 y 76). Pero hoy día no creo que merezca la pena para quienes disponen de poco tiempo y tengan que optimizar su ruta en función de sus objetivos y no de la situación de los campings.

Para llegar a Akureyri seguimos el trazado de la antigua 1 (ahora 84), que pasa por Gardsvik. De esta forma evitamos el túnel de Vaðlaheiði o Vaðlaheiðagöng, que por lo que se ve es actualmente el único tramo de peaje en toda la isla. No hay cabinas y se tiene que pagar on line entre las 24 h anteriores y las 24 h posteriores al paso por el túnel. Pero todo el mundo dice que en verano no merece la pena pagar los 15 € que vale el peaje. Y estoy de acuerdo. Evitar un rodeo de solo 16 kms por una buena carretera no justifica pagar ese precio.

Así, damos ese pequeño rodeo y llegamos al Eyjafjordur, donde divisamos Akureyri desde la otra orilla. Bordeamos el fondo del fiordo y atravesamos la "capital del norte" sin detenernos. Ya paramos en el 2015 y no vi nada que justificara una segunda visita.

Pasado Akureyri, abandonamos la Ring Road y cogemos la 82 que nos lleva por la orilla oeste del fiordo. Sorprendentemente, el tiempo va mejorando y acaba quedándose una bonita tarde en la que podemos disfrutar de estos paisajes costeros.



Pasamos Dalvik (otro de los puertos desde donde se hacen avistamientos de ballenas) y dejamos atrás la carretera 805 que lleva a la granja Kot, lugar desde donde parte la ruta al lago Skeidasvatn (Rother 36). Otra de las que traía apuntadas, pero se va a quedar en el tintero.

Y ya sin más llegamos a Olafsfjordur, donde encontramos un sencillo y agradable camping. Situado en un espacio verde en medio del pueblo, está junto a las piscinas y la zona deportiva. Pagamos la tasa turística (unos 3 €) y nos instalamos. Las duchas son gratis y con espacio suficiente para cambiarte. Muy cómodo. También tiene una zona de estar con cocina. Y para quienes viajen con niños, justo al lado hay unos hinchables y un minigolf con palos y pelotas disponibles para quien quiera usarlos. Los txabales de la camper de al lado se pasan un buen rato allí entretenidos.

Cenamos y damos un paseo por el pueblo, llegando hasta el puerto. Después de un día tristón que ha empezado lloviendo, acabamos la jornada disfrutando de un precioso atardecer en un rincón que, como muchos en Islandia, no tiene gran cosa a nivel arquitectónico o urbanístico. Pero se ubica en un entorno espectacular: un istmo que separa el pequeño fiordo en dos. A un lado el fiordo propiamente dicho (comparte su nombre con el de la población), y al otro la parte del fiordo atrapada en un lago (Olafsfjardavatn). Todo ello encerrado en un marco de montañas iluminadas ahora mismo por una bonita luz crepuscular.

Finalizado el paseo, volvemos a la furgo y damos fin a un día que ha cundido bastante más de lo que preveíamos al despertar esta mañana. El tiempo ha estado revuelto, pero solo a primera hora de la mañana hemos sufrido las lluvias intensas que anunciaba la meteo. Es lo que tiene el tiempo en una isla perdida en medio del Atlántico Norte. Para bien o para mal, el tiempo es muy inestable y las predicciones meteorológicas no son tan fiables como en otras partes de Europa.

No lo sé, quizás me equivoco al basarme tanto en ellas para tomar decisiones sobre nuestro itinerario y objetivos. Pero la verdad es que le tengo mucho respeto a las severas condiciones climáticas que se dan frecuentemente en la isla. Sobre todo en las tierras altas y cuando se trata de meternos en trekkings o rutas largas. Prefiero ser cauto, porque las experiencias de otros viajeros hablan de situaciones complicadas por esas zonas interiores, incluso en verano. Complicaciones debidas fundamentalmente a la aparición más o menos repentina de fuertes lluvias, vientos casi huracanados y/o frío extremo. Cosas a las que no me quiero enfrentar de ninguna de las maneras con la motxila al hombro.







Josse

Una pasada de pais y que ganar de repetir tras ver los videos y fotografias que acompañan al relato..
 .palmas  .palmas  .palmas

KoldoS

Cita de: Josse en Abril 01, 2026, 16:02:11 pmUna pasada de pais y que ganar de repetir tras ver los videos y fotografias que acompañan al relato..
 .palmas  .palmas  .palmas

Ya te digo. Incluso a mi mismo, viendo las fotos, me entran ganas de volver una tercera vez con un 4x4 para poder llegar a sitios a los que noe he podido en AC y GV.

Pero que quede entre nosotros y no se entere mi mujer. Je, Je.

KoldoS

Abril 11, 2026, 17:04:46 pm #51 Ultima modificación: Abril 11, 2026, 17:35:59 pm por KoldoS
Día 19 (sábado) Iglesias, otro cañón y final feliz


Olafsfjordur - Grafarkirkja - Vidimyrarkirkja - Blondous - Kolugljufur - Drangsnes
Recorrido día: 422 km (Total acumulado : 4063 km)



Hoy también nos despertamos lloviendo. Está todo cubierto y las nubes son bastante oscuras. Parece que traen una buena cantidad de agua. Pero, sobre todo, lo malo es que están a una altura que tapan las montañas y te dejan con las ganas de ver el paisaje. No parece que hoy vaya a ser un día demasiado atractivo y nos lo tomamos con calma. No queda otra, hay que esperar que la caprichosa rueda de la climatología islandesa de otra vuelta y nos sorprenda con pequeñas treguas que nos permitan disfrutar de ratos sueltos aquí y allá.

Así las cosas, nos planteamos avanzar kms, dejando atrás una zona que ya conocemos del 2015, y programamos algunas paradas que alargaremos más o menos en función del tiempo que nos vayamos encontrando. A priori, objetivos poco ambiciosos todos ellos.

Salimos de Olafsfjordur siguiendo la 76 y pasamos un primer túnel para llegar a Hedinsfjordur. Hemos querido venir a desayunar en su mirador, aunque ya nos imaginábamos que las vistas no nos iban a acompañar. Y es que no hay manera. Volvemos a pasar con mal tiempo y escasa visibilidad por este fiordo, accesible solo desde un corto tramo de carretera entre dos túneles consecutivos.

A continuación, pasamos por Siglufjordur sin parar más que para sacar un par de fotos de su puerto. Entre mis notas traía apuntada la posibilidad de hacer una paleada en kayak, pero no hace día para ello.



Seguimos ruta sin poder ver apenas nada y acabamos de dar la vuelta a la península de los Trolls (Trollaskagi), haciendo una parada en Hofsos para ver de nuevo la Grafarkirkja. La más pequeña y antigua de las 6 turf-churchs (iglesias tradicionales construidas con madera y turba) que se conservan. La que más nos gustó en nuestro anterior viaje, junto a la Geirsstadakirkja.

Paramos en su pequeño parking y nos tomamos un café mientras esperamos a que baje la intensidad de la lluvia. Hace 10 años nos costó encontrarla y la visitamos solos. Hoy son varios los coches que entran a verla en el rato que estamos aquí. Tampoco es extraño, porque merece entrar en la agenda de cualquiera que pase cerca.

Cuando vemos que ya no llueve tan fuerte, salimos protegidos con el paraguas y comprobamos que ahora está cerrada. Ya no se puede acceder al interior y solo se puede visitar por fuera. No es que dentro hubiera nada excepcional, pero no deja de ser una pena.



Quienes viajen con niños tienen una buena oportunidad para bañarse en la piscina termal de Hofsos. Situada al borde del mar y con magníficas vistas sobre el Skagafjordur, la disfrutamos mucho con nuestros hijos. Pero no podemos repetir todo y seguimos ruta hasta alcanzar la Ring Road prácticamente a la altura de Varmahlid.

Desechamos acercarnos a la granja-museo de Glambaer (desvío de apenas 8 kms hacia el norte por la 75) y paramos a ver la 2ª turf church del día: la Vidimyrarkirkja. Sigue lloviendo y hacemos una visita rápida. Esta sí que está abierta, pero cobran por entrar y coincidimos con un grupo organizado. Así que preferimos verla solo por fuera y aprovechamos cuando todos están dentro para sacar las fotos.

Su estructura y concepción es la misma que en la Grafarkirkja, incluido el murete que la rodea y el pórtico de entrada al recinto. Aunque resulta evidente que esta es más moderna. Aquí el murete es de piedra y aparece la pintura en puertas y ventanas buscando los contrastes. Pero nosotros seguimos quedándonos con la Grafarkirkja y la Geirsstadakirkja como las mejores turf churches.



A continuación, retomamos nuestro periplo por la Ring Road, acortando por el interior la península de Skagaheidi. Parece que la lluvia va decayendo y las nubes nos dejan ver el paisaje a ratos. Pasamos junto a un lago que apenas intuimos y llegamos a un precioso valle en el que se enclavan una granja con cuatro casas y la típica iglesia blanca con tejado rojo.

También dejamos atrás el cruce con la 35. La famosa ruta Kjölur que atraviesa las tierras altas de norte a sur. En casa valoré la posibilidad de seguir los pasos de Eva y Bini para hacerla con mi GV (no 4x4). Pero la información actualizada habla de ella (o de una parte de ella) como carretera F35 y viajeros más recientes califican su piso como infernal. Así es que, con pena, la hemos descartado. Ya veremos si podemos acceder desde el sur a la zona de Kerlingarfjoll, de la que tenemos referencias inmejorables.



Pocos kms después llegamos a Blonduos y paramos junto a su famosa iglesia. Se ve que hoy va de eso. Aunque ahora pasamos de las tradicionales a las modernas. Inaugurada en los años 90 del siglo pasado, el diseño de esta iglesia está inspirada en un volcán y, sin duda, merece una parada. Además, está a pie de carretera y pasas junto a ella. Pero las dos veces que hemos venido por aquí ha estado cerrada. Así es que solo la puedes ver por fuera y no te lleva mucho tiempo.



Y como ya nos han dado las 15:00, comemos en su parking. A la tarde queremos hacer kms y llegar a los fiordos occidentales. Una zona alejada que muchos se saltan porque requiere tiempo y paciencia. Pero para mí son imprescindibles, incluso en un segundo viaje. No me importa nada repetir por esas carreteras, lentas o muy lentas según el caso y muchas veces de grava. Los lugares por los que se pasa y los paisajes que se ven, para mi justifican con creces todas las incomodidades.

Para ganar tiempo, descartamos pasar otra vez por Hvitserkur (el troll de la playa que aparece en muchos folletos y que aconsejo visitar a todo aquel que vaya por primera vez a Islandia), Thingeyrar (bonito entorno, pero prescindible) e Illugastadir (focas se pueden ver en otras zonas). Además, la 711 que bordea la península de Vatnsnes la recuerdo como una carretera demasiado lenta. E ir directos por la Ring Road nos permite conocer el cañón de Kolugljufur que nos saltamos en el 2015.

Para llegar a él nos desviamos unos 6 kms por la 715, una carretera de grava en estado aceptable. Aparcamos en el parking, antes de cruzar el puente, y vemos sorprendidos que el tiempo nos acaba dando un respiro. Ha dejado de llover y al final se queda una tarde más que aprovechable. Esto es Islandia y nunca puedes dar nada por sentado.

Recorremos ambos márgenes del cañón y tengo que decir que me sorprende muy gratamente. Por las imágenes que había visto, no esperaba gran cosa de este pequeño cañón. Quizás sea por eso y porque tampoco tenía muchas esperanzas de poder dar un paseo vespertino sin el kit de lluvia, pero la verdad es que me gusta y lo disfruto. Tampoco voy a decir que sea espectacular. Los hay mucho más bonitos en la isla. Pero si pasas cerca merece la pena acercarse.



Yo diría que el cañón se ve mejor desde la orilla del parking, aunque desde el otro lado hay senderos por los que llegar más abajo y ver con más detalle algunas perspectivas. Algunos de esos senderos son bastante expuestos, todo hay que decirlo. Porque las cuerdas y caminos cerrados aún no han llegado hasta aquí. Puedes llegar hasta donde te lo aconseje tu sentido común.

Además, justo antes de empezar el cañón propiamente dicho, está la cascada Kolufoss. Formada por varios saltos, el primero de ellos es el más espectacular. El río llega con cierta tranquilidad y se precipita formando 6 buenos txorros, a partir de los cuales se suceden revoltijos y saltos más modestos. Hasta que una última cascada alimenta la parte más profunda del cañón.



En mis notas tengo apuntado que no lejos de aquí hay otra cascada. Se trata de Bergarfoss y hablan de ella como una joya escondida en un pequeño barranco. Es un salto de unos 40 m y un caudal majo. Por lo que he visto en fotos tiene buena pinta. El río ha tallado una estrecha abertura en una pared y el estrechamiento del caudal hace que el agua salte con fuerza primero, para luego ir abriéndose en abanico según va cayendo.

Para llegar a ella hay que seguir en coche un poco por la pista que nos ha traído al parking (sin cruzar el puente) y luego ir a pie algo menos de 3 kms. Si sales desde el parking podrán ser 5 o 6 kms en total.

Pero nos hemos entretenido mucho en el cañón y se nos ha hecho un poco tarde. Una pena, pero queremos dormir en el camping de Drangsnes y aún tenemos por delante unos 200 kms. En esta tierra hay demasiados atractivos y todo no se puede ver.

Cuando pongo Drangsnes en el navegador, me sorprende la ruta que me recomienda. En el 2015 viajábamos tirando de mapa y fuimos por la 68, bordeando la línea de la costa y siguiendo lo que sobre el papel parece la ruta más corta. Pero el navegador nos hace dar un rodeo y combinar las carreteras 59, 60 y 61, para llegar a un punto cercano al final de la propia 68.

Parece bastante raro atravesar una mole (por la 59), para subir hacia el norte por el otro lado (60) y tener que atravesar de vuelta esa mole (por la 61) para llegar al mismo punto que yendo todo el tiempo por este lado (68). Pero revisando el mapa veo que la clave está en el tipo de carreteras. La 68 sigue teniendo muchísimos kms de grava y la recuerdo como una carretera lenta, aunque con muy buenas vistas. Mientras que la recomendación del navegador tiene mucho más asfalto. En resumen, optamos por el rodeo: más kms, pero más velocidad y menos tiempo. La elección es clara, porque a estas horas nuestro objetivo es llegar al camping lo antes posible.

Así, dejamos la Ring Road para rodar por un primer tramo asfaltado de la 68, hasta llegar al cruce con la 59. Tomamos esta para hacer un sube-baja que nos llevará a pasar de una orilla a la otra en el inicio de esa gran península que son los fiordos occidentales. Y comprobamos felices que seguimos pisando asfalto. Unos kms más adelante llegará la grava y bajaremos de velocidad, pero antes de llegar al mar volvemos al asfalto y vemos que hay obras. Se ve que están trabajando para alargar el asfalto y muy posiblemente no pasará mucho tiempo hasta que la grava desaparezca de esta carretera.

Una vez en la 60, ya todo será asfaltado y realmente veo que se gana tiempo dando el rodeo. Además, y como la tarde ha mejorado, vamos disfrutando de bonitos paisajes. Primero costeros y luego de valles encerrados entre montañas. Sigue habiendo nubes relativamente bajas, que restan luminosidad y tapan la parte alta de los montes. Pero los valles y el inicio de las laderas se ven suficientemente bien y nos entretienen los kms.



Finalmente llegamos a Drangsnes y entramos en el camping (incluido en la campingcard). Hoy es sábado y no hay nadie en recepción. Tampoco mucha gente, la verdad es que está casi vacío. Vemos que han ampliado el camping y que ahora la parte principal está al otro lado de la carretera, donde han puesto nuevas casetas de servicios y se ubican los desagües y demás. De todos modos, nosotros somos animales de costumbres y volvemos a situarnos en la landa que rodea al edificio grande del lado derecho de la carretera. Cerca de los baños, donde hay lavadora y secadora. Aunque esta vez no las utilizamos.

Pero el día no ha acabado. Sin perder tiempo, dejamos algo para ocupar la zona que más nivelada nos ha parecido y salimos ansiosos hacia las pozas. Aparcamos junto a ellas, dejamos la furgo con la calefa encendida y para allá que nos vamos con un par de cervezas frías. Hay que ir innovando y mejorando los procedimientos hasta llegar a la perfección: baño termal con vistas a un fiordo, cuerpo calentito, el fresco acariciando tu cabeza y una cervecita. Se puede pedir más? Pues sí, luego veremos que sí.

Ya hay 5 personas repartidas entre las 3 pozas y hay sitio de sobra para estar cómodos. Yo me meto en la menos caliente, pero al de un rato me paso a la intermedia y de allí ya no me muevo. Mi termostato no admite la temperatura de la poza más caliente.

Un poco más tarde llega una familia colombiana que llevan un año trabajando por aquí y han incorporado esta costumbre nórdica a sus hábitos del atardecer. Charlamos animadamente con ellos, cuando, de repente y sin previo aviso, una ballena salta a no mucha distancia de donde estamos!!!!

Tras la sorpresa inicial, vemos que vuelve (o vuelven) a saltar y a zambullirse. Otras veces solo asoman el lomo, soplan y se sumergen de nuevo sacando su cola majestuosamente. Es realmente impresionante. Como decía antes, incluso lo que te parece perfecto se puede mejorar. Aunque tú ni siquiera hubieras podido imaginar el cómo. Porque ver ballenas aquí, en el fiordo y mientras disfrutamos de un baño termal, era lo último que me podía haber imaginado. Ya nos pasó algo parecido en el 2015, cuando las vimos desde tierra en Illugastadir. Pero entonces nadaban a bastante distancia y apenas veía los chorros. Esto es diferente. Incluso sin las gafas, que me las he dejado en la furgo, las puedo ver claramente. Islandia nunca deja de sorprenderte.

Cuando se alejan y acaba el espectáculo, aún seguimos un rato más a remojo, todavía alucinando. Pero todo lo bueno se acaba y tenemos que volver al camping. Nos situamos en nuestra parcela "reservada", aunque nos lo podíamos haber ahorrado. Ya que no ha venido nadie más. Una buena ducha en los sevicios del camping (amplios y limpios), cena y al sobre con una sonrisa de oreja a oreja. Al final hemos tenido un día bastante más aprovechado de lo que pensábamos por la mañana. Y con final feliz! Que vengan muchos días así.




KoldoS

Abril 15, 2026, 00:02:39 am #52 Ultima modificación: Abril 15, 2026, 00:11:25 am por KoldoS
4 - Los fiordos occidentales


Día 20 (domingo) Los dientes de sierra


Drangsnes - Litlibaer - Isafjordur
Recorrido día: 248 km (Total acumulado : 4311 km)



Las previsiones meteorológicas para esta zona nos dan una estrecha ventana de buen tiempo de tres días. Después entra el mal tiempo y se anuncian lluvias y vientos fuertes. Así es que si queremos visitar la reserva natural de Hornstrandir tenemos que llegar hoy mismo a Isafjordur para coger el bote de mañana a la mañana. Teniendo en cuenta sus frecuencias y nuestro objetivo principal (Hornvik), no tenemos más opciones. Y queremos llegar pronto para situarnos, ver de dónde sale el bote, dónde contratarlo y, muy importante, dónde dejar la furgo mientras estemos fuera.

Antes de ponernos en carretera movemos la furgo al otro lado del camping y realizamos las labores de carga y descarga. Como otras veces, el desagüe consiste en un tubo que sobresale como 1 metro del suelo. Cómodo para vaciar el poty, pero te obliga a baldear las grises.

Hoy tenemos por delante una jornada de conducción panorámica por carreteras que ya conocemos. Al escribir este relato me ha sorprendido descubrir una asombrosa coincidencia. En el 2015 hicimos esta misma etapa, de Drangsnes a Isafjordur, siguiendo exactamente la misma ruta y, lo más sorprendente, lo hicimos también en el día 20 del viaje! Qué casualidad!

Deshacemos el camino de ayer hasta llegar de nuevo a la 61 y subimos por ella al inhóspito altiplano de Steingrimsfjardarheidi. Hay que cruzarlo y bajar después con igual rapidez al extenso Isafjardardjup. Vamos por buena carretera, rodando sin prisas y disfrutando de un paisaje que, primero nos regala bonitas estampas costeras del Steingrimsfjordur, luego nos lleva por los parajes desolados del altiplano y acaba adelantándonos los dientes de sierra que vamos a recorrer. Y es que el profundo Isafjardardjup es como un mar que va penetrando en tierra, dejando hacia el sur una sucesión de pequeños fiordos.

Cuando llegamos al primero de ellos dejamos atrás el cruce con la 635, vía de acceso a la bahía de Kaldalón. Allí tenía apuntada la ruta a la lengua del glaciar Drangajokull (Rother 38). Es una excursión que me parece interesante y que ya traía en mente en el 2015. Pero hoy no queremos entretenernos demasiado y pasamos de largo sin poder hincarle el diente. Me vuelvo a quedar con las ganas.



A partir de aquí, la 61 va bordeando los fiordos menores en un lento ir y venir que a mi me encanta, aunque entiendo que pueda desesperar a quienes vayan con prisa. Tomamos un café junto a la piscina termal del hotel Reykjanes, donde hoy no vemos ningún autobús de turistas. De hecho, está prácticamente vacía. Después de un par de días reguleros, hace una mañana espléndida y dan ganas de zambullirse. Pero seguimos ruta y hacemos varias paraditas para sacar fotos en las zonas que más nos llaman la atención. Muchas de ellas son las mismas donde ya lo hicimos en el 2015. Aunque ahora ya no es tan sencillo. Entonces nos parábamos a cada momento, orillando nuestra AC al margen de la carretera en casi cualquier lugar. Hoy día eso ya no es posible. Hay que mirar con mucho más cuidado donde parar y cómo dejar nuestra GV, que es más pequeña y tiene menor anchura que la AC, pero es que el tráfico es en toda la isla mucho más intenso ahora.



A lo largo de esos kms vamos viendo playas solitarias llenas de algas y en muchos momentos nuestra mirada se dirige hacia el glaciar Drangajokull que tenemos al otro lado del fiordo. Vemos bastante menos nieve que hace 10 años, pero la cascada sigue desaguando con un buen txorro. También vemos focas descansado en un saliente de tierra. Distracciones no faltan en este tramo.



Al doblar la punta que cierra el Skotufjordur volvemos a parar. Desde aquí se tiene una de las mejores vistas de los fiordos occidentales. Aquí los dientes de sierra se ven de perfil, conformando una imagen de postal. Es simplemente espectacular.



Y es precisamente recorriendo el largo de ida del Skotufjordur cuando llegamos al área con mesa a pie de fiordo donde comimos en el 2015. Y como salimos muy satisfechos de este singular "restaurante", pues no podemos evitar repetir y volver a comer con estas vistas. Hace día para ello además.



Después de comer, seguimos ruta y al final del largo de vuelta del Skotufjordur paramos en Litlibaer. Como ya entramos en su momento, no tenemos interés en volver a ver la casa y su pequeña exposición. Por lo que aparcamos en el parking que hay unos cientos de metros después y vamos paseando hasta el mirador del observatorio de focas. Este es un punto habitual para verlas, ya que al parecer estos animales tienen por costumbre descansar al sol en los islotes que hay a muy poca distancia del mirador. La verdad es que se ven muy bien a simple vista. Aunque, lógicamente, quienes vayan provistos de prismáticos siempre podrán entretenerse en detalles que de otro modo nos pasan desapercibidos.



Seguimos bordeando un par de fiordos más y llegamos al mirador de la punta de Kambsnes. Parada imprescindible en toda ruta por los fiordos occidentales. Otro más. Y es que las vistas desde aquí deben su espectacularidad a la privilegiada ubicación del mirador. Abierto hacia el Isafjardardjup y situado al final de una lengua de tierra que separa los fiordos de Seydisfjordur (homónimo del situado en el Este) y el Alftafjordur. Simplemente impresionante. Las dos veces que he pasado por aquí me ha costado un mundo volver al vehículo, arrancar y dejarlo atrás.



Pero la tarde ya va para adelante y hay que seguir. Bordeamos el Aftafjordur, pasando por su cabecera, donde hace 10 años dimos un paseo hasta la cascada de Valagil. Este es un tramo de carretera que me gusta especialmente. También pasamos por Sudavik antes de abandonar este fiordo y pasar al último del día (Skutulsfjordur), donde se halla el final de la etapa de hoy.



Finalmente, llegamos a Isafjordur poco antes de dar las 18:00. Es domingo y a estas horas ya está cerrado todo lo que haya podido abrir. Así es que vamos directamente hacia la zona portuaria y buscamos el muelle desde el que opera la agencia Borea Adventures. Mañana el bote sale a las 9:00 y tenemos que venir bastante tiempo antes para comprar los billetes. Por si acaso, también vamos hasta la oficina de Borea y paseamos hasta la oficina de información turística. En torno a esta última hay una serie de edificios antiguos de madera que estéticamente nos parecen de lo más bonito de la Isafjordur. Exceptuando, claro está, el maravilloso entorno en el que se encuadra la ciudad.

Como último objetivo logístico, buscamos un parking adecuado para dejar la furgo durante 2 días. De lo que vemos, lo que más nos convence es un solar no asfaltado que está muy cerca del muelle. Hay muchos vehículos aparcados, algunos de ellos con evidentes signos de llevar tiempo allí. Puede ser un buen lugar. Mañana veremos.

Y ya sin más salimos de Isafjordur centro y nos dirigimos Tungudulur que es donde se halla el camping incluido en la campingcard. Ya lo conocemos del 2015 y no nos cuesta encontrarlo, aunque está a 5 kms del centro y un poco a desmano de la carretera. Como compensación, es un camping agradable. Tiene mucho verde, un pequeño río que corre por medio del camping  y una cascada enfrente que le proporciona un bonito decorado. Además, la caseta de los servicios está muy bien (duchas gratis y con espacio para cambiarse, también hay lavadora), aunque quizás sea un poco escasa para la cantidad de gente que nos concentramos aquí. Otro punto a destacar es que los desagües siguen estando a la entrada de Isafjordur. El camping carece de ellos.

Nos situamos en una parcela de la que sea fácil salir mañana temprano sin molestar a nadie y preparamos todo el material para el trekking. Lo que nos lleva un buen rato. Cenamos y nos vamos a la cama con mariposas en el estómago. Por lo que hemos leído, la reserva de Hornstrandir es una zona salvaje sin servicios, en la que te tienes que valer por ti mismo. Es toda una aventura para nosotros y estamos emocionados, a la par que nerviosos y con un punto de temor a embarcarnos en algo para lo que no estemos preparados.



Para acabar con este día, me gustaría reseñar otros puntos de interés que llevaba en mis notas de la zona que hemos recorrido. Sobre todo las pozas termales, tan abundantes en los fiordos occidentales:

- Gvendarlaug, piscina termal del hotel Laugarholl en Bakki. En la 643, siguiendo hacia el Norte desde Dragsnes (coordenadas: 65.7804, -21.5181).

- Krossneslaug. Al final de esa misma 643 (66.0555, -21.5088), en el límite de la civilización y lejos de todo. Hablan de un lugar increíble para sentarse a la orilla del mundo y ver el sol de medianoche. Desde allí salen también botes a la reserva natural de Hornstrandir. Puede ser una buena opción combinar ambas cosas.

- Gjörvidalslaug. Sita a pie de la 61, poco después de pasar el cruce con la F66 (65.7948, -22.5267).

- Piscina geotermal del hotel Reykjanes (65.9275, -22.4278).

- Hörgshlíðarlaug. En la 633, carretera que bordea el Mjoifjordur (65.8454, -22.6108). Está en terreno privado y ahora se ve un gran cartel de PRIVATE en maps. Antes había que pedir permiso a los dueños. No sé si eso sigue funcionando.

- Heydalur, piscina termal de un hotel (65.8437, -22.6781). También en la 633 y prácticamente enfrente de la anterior. Es de pago, pero a pocos minutos andando hay una poza termal natural (Galtahryggjarlaug). Es conveniente pedir permiso en la granja Hörgshlíð.

- Otro punto interesante, sobre todo si se va con niños, es el centro investigación del zorro ártico, sito en Sudavik (66.0303, -22.9912), donde se pueden ver crías de este animal.




Josse

Bonito relato y muy guapas las fotos y el video..
Que ganas de repetir viaje.
 .palmas  .palmas

KoldoS

Cita de: Josse en Abril 16, 2026, 20:07:26 pmBonito relato y muy guapas las fotos y el video..
Que ganas de repetir viaje.
 .palmas  .palmas


Gracias por seguir el relato.

El video es la primera vez que lo hago y son muy de andar por casa. Nada que ver con la calidad de los videos currados que pululuan por ahi. Pero es que Islandia es tan espectacular que incluso en los mios se ven maravillas.

KoldoS

Abril 26, 2026, 16:54:43 pm #55 Ultima modificación: Abril 26, 2026, 22:42:24 pm por KoldoS
Día 21 (lunes) Hornstrandir: naturaleza salvaje


Isafjordur - Bote - Hornvik - Hornbjarg - Hornvik
Recorrido día: 6 km (Total acumulado : 4317 km)

Características ruta: 16,9 km - 560 m desnivel positivo y negativo (track aproximado)



El despertador suena a las 7:00 y nos cuesta levantarnos. A mi menos, al fin y al cabo lo que tenemos por delante no deja de ser un capricho mío. Pero mi mujer se levanta con cara de pocos amigos y yo sé que en su cabeza retumban las palabras de su cuñada: "que no te engañe, que eso no son vacaciones".

Desayunamos y salimos del camping poco después de dar las 7:30. Primero nos dirigimos a Información y Turismo para confirmar las previsiones meteorológicas que estoy manejando. Tal y como me temía, solo tenemos 2 días de buen tiempo. Incluso algo menos. Porque mañana por la tarde trae ya lluvia y el miércoles llueve todo el día. Una verdadera pena, porque una vez de ir hasta allí (y pagar lo que hay que pagar por ello), queríamos aprovechar y hacer más días de ruta. Pero es lo que hay. O vamos para dos días o no vamos. Y este es uno de los objetivos que traigo marcados en rojo.

Seguido me acerco andando hasta el Centro de Visitantes del PN de Hornstrandir. Compro un mapa de senderos por la reserva y aclaro alguna duda sobre las rutas que tenemos en mente. Fundamentalmente, quería saber si aún había nieve en los pasos de montaña. Me aseguran que no, que solo queda algún nevero aislado. Así es que nos libramos de llevar los mini-crampones. Mejor, menos peso.

Después ya nos acercamos al muelle y esperamos a que abran la caseta que hace las veces de taquilla. Momento en el que cogemos el billete y dejamos cerrado nuestro itinerario: hoy desembarcaremos en la bahía de Hornvik (en la zona del camping) y la vuelta la haremos el miércoles por la mañana desde el fiordo de Veidileysfjordur. También pregunto sobre el punto del fiordo donde nos recogerán y me lo sitúan en el mapa, justo al lado de la zona de acampada. No quiero correr el riesgo de esperar en el sitio equivocado.

Por último, les pregunto por el mejor lugar para dejar la furgo estos dos días y me confirman que el parking que vimos ayer es donde se suelen dejar los vehículos mientras se está en la reserva natural. De modo que descargamos las motxilas y llevo la furgo hasta allí. Hay sitio de sobra. La aparco y pongo todas las medidas de seguridad: alarma, barra de volante, fermines y safedoor exteriores. Si quieren entrar van a entrar, pero hay que ponérselo lo más difícil posible. Aunque también es cierto que Islandia da una sensación de seguridad total.

Y ya sin más, a las 9:00 salimos del puerto, embarcándonos en un travesía de casi 4 h que es una atracción en sí misma. La salida del puerto es espectacular, pero no es más que un anticipo de lo que nos espera. Vemos alejarse las casas de Isafjordur y vamos abandonando el Skutulsfjordur para salir al gran Isafjardaarfjordur. Del fiordo menor al mayor. Y empezamos a ver las moles que rodean Bolungarvik. Navegando en este cascarón no podemos más que sentirnos muy pequeños.



Dejamos atrás Bolungarvik y la costa "conocida" para enfilar la proa hacia Hornstrandir. Según nos vamos acercando vemos una costa muy abrupta. Las moles caen hasta el mar formando impresionantes acantilados que parecen proteger de los intrusos a la Reserva Natural.

Pero cuando doblamos la primera de las puntas, llegamos a la bahía de Adalvik y la cosa cambia. Protegida por los dos mamotrecos que la cierran, al fondo de la bahía hay una bonita y aparentemente tranquila playa. Se ven unas pocas edificaciones y mucho verde. Aquí no hay acantilados y las laderas van subiendo mucho más lentamente hasta alcanzar la altura de los montes circundantes.

Esto es algo que se va repitiendo en el resto de la travesía. Bordeamos varias puntas que se adentran en el mar como torres vigías de castillos inexpugnables. Los acantilados son las murallas y el mar un inmenso foso. Pero traspasada cada punta, nos vamos adentrando en sucesivas bahías (Adalvik, Fljotavik, Hloduvik y, finalmente, Hornvik), para enfilar hacia sus playas e ir desembarcando poco a poco a todos los viajeros. Siempre cerca de las zonas de acampada marcadas en mi mapa.



En el bote van dos trabajadores, un chico que lleva la embarcación y una pedazo vikinga. Cuando nos acercamos a cada playa la chica baja la zodiac y espera a que el bote esté anclado. Entonces el chico le va pasando bultos y los motxilones de los que van a desembarcar. Ella los coge con agilidad y los va colocando en la zodiac. Tiene que ser un trabajo duro, porque lo repite en todas las paradas. Pero ella lo hace fácil y parece que no le cuesta.

Luego llega el turno de bajar a la gente y nos entra la risa. Somos de secano y no sé yo si vamos a poder bajar a la zodiac sin hacer demasiado ridículo. Igual nos tenemos que dar la vuelta. Y bajar a tierra ni te cuento. Porque aquí no hay embarcaderos. Por lo que vemos desde aquí bajan directamente a la playa desde la zodiac. Ay ene! Con esto no habíamos contado.



Y así, tras 3 h de navegación llegamos a nuestro destino: la bahía de Hornvik. Aquí el bote hace dos paradas. La primera en la zona este de la bahía, la más cercana a los acantilados de Hornbjarg que queremos visitar esta tarde. Mientras que la segunda (y última del viaje) la hace en la esquina oeste de la playa, que es donde se ubica la zona de acampada donde haremos noche.

Yo estoy impaciente por bajar y empezar a andar, por lo que dudo si bajarnos en lo que ellos llaman "puerto" y hacer la ruta con todo a cuestas. Pero mi mujer me dice que nones y acabamos bajando en el camping con los últimos que quedamos en el bote. Entre ellos la ranger, que viene a quedarse en el puesto que hay allí mismo. Algo que nos tranquiliza. También el hecho de encontrarnos una decena de tiendas en la zona de acampada. Bueno, parece que no vamos a estar tan aislados.

El camping es minimalista, pero con lo necesario para sentirte a gusto. Una campa con varias mesas de picnic y una caseta con el WC y agua potable. También dispone de un minúsculo refugio de emergencia (prohibido su uso si no es por una emergencia real) y una especie de tienda-cobertizo que parece ser de uso exclusivo de algún operador turístico. Ah! Y el camping es gratuito, lo cual se agradece. Ya cuesta bastante el llegar hasta aquí y creo que quieren asegurarse de que todos hagamos noche en las zonas de acampada establecidas. Otra cosa a tener en cuenta es que no hay contenedores de basura. Todo lo que traemos con nosotros hay que volver a llevarselo.



Montamos la tienda y dejamos allí la mayor parte de lo que acarreamos. Hoy caminaremos ligeros. Dada la hora, le preguntamos a la ranger por los recorridos que tengo en mente para conocer los acantilados de Hornbjarg y desechamos la circular larga que pasa por la zona de acampada de Horsnbjargsviti. Son demasiadas horas y nos supondría acabar con la noche encima. Así es que nos decantamos por la ruta que se centra en la parte más espectacular de los acantilados.

Dicho y hecho. Arrancamos siguiendo las señales y vamos por el verde, evitando la playa, para dirigirnos hacia la cascada que vemos al fondo. Así llegamos al río que hay que vadear. Hemos cogido las sandalias, pero en este caso no hacen falta. Es la típica desembocadura en un arenal y basta con quitarte las botas y remangarte. El agua esta fría, pero es solo un momento y la sensación de ir pisando la arena es tan agradable como en cualquier otra playa.



Luego vamos por la orilla, alternando zonas de hierba, arena y piedra. Siempre con la punta de Horn a la vista. Pasamos junto alguna otra cascada, un par de curiosas formaciones rocosas y dejamos atrás la otra zona de acampada de esta bahía. Es aún más modesta que la anterior y no hay nadie. Pasa totalmente desapercibida y solo la distingo por que la veo indicada en el mapa y por una minúscula caseta donde está el WC.



Poco después llegamos al desembarcadero de esta mañana y empezamos a subir al farallón de la punta de Horn. Un balcón herboso que se asoma a la bahía y desde el que se tienen unas preciosas vistas. También nos ofrece un pequeño adelanto de los famosos acantilados.



Allí encontramos a una pareja de australianos disfrutando de la panorámica. Ella está descalza, suponemos que para sentir el contacto de la hierba. Y debe haberlo hecho con ganas, porque tiene los pies manchados de barro. Hablamos con ellos y les preguntamos sobre la dificultad del sendero que sube a la cima para pasar al otro lado. Nos dicen que tiene mucha pendiente y que el terreno es resbaladizo. Pero ella acaba haciendo una puntualización que nos deja estupefactos: bueno, pero es que yo voy descalza!!!!

Cómo? Hemos entendido bien y esta pirada anda por ahí descalza? Pues sí, uno no deja nunca de darse de bruces con sorpresas difíciles de creer. Por lo que nos cuenta, vino en el bote con chanclas y al desembarcar se dio cuenta de que se había dejado las botas a bordo. Para rematar sus explicaciones acaba soltando toda sonriente que, con botas o sin ellas, ella no se iba a quedar en el camping sin poder visitar la zona y que en esas estaba.

Nosotros no salimos de nuestro asombro y no podemos evitar alternar la mirada entre su cara y sus pies. Nos parece increíble que pueda haber andado por algunos de los puntos por los que hemos pasado y que no tenga los pies destrozados. La verdad es que se le ven sin heridas y en buen estado. Increible.

Le ofrecemos nuestras sandalias, pero las rechaza aduciendo que ya tiene las chancletas y no las usa (son de esas con suela fina, que se agarran solo al dedo gordo!). En fin. No sé si influenciada por lo que nos dice la australiana sobre la subida o si asustada por verla descalza, pero mi mujer decide darse la vuelta y volver por el mismo sitio. Tiene vértigo y no le gusta lo que ve. Subir esa pendiente tan cerca del acantilado no entra dentro de sus planes. Lástima, porque yo sé lo que hay al otro lado.

Yo tiro para arriba y es cierto que se va por un terreno terroso y húmedo, que a veces no es demasiado firme. Pero con botas no resbala y, sobre todo, no va por el borde salvo un poco al principio. Pero allí hay hierba. En todo caso, aunque se sube con mucha pendiente, no hay sensación de verticalidad. Y cuando llegas arriba empiezas a ver los acantilados de Hornbjarg. Una maravilla que son la razón principal por la que estamos aquí.

Voy perdiendo altura y me acerco a los cortados, que son de quitar el hipo. Es curioso como las laderas van subiendo hasta el borde y, de repente, se quiebran cayendo en vertical. Parecen cortadas a cuchillo. Parte de la pared está llena de pájaros y hay un buen estruendo. Después paso junto a un pequeño lago y voy girando para empezar a bajar hacia la bahía. El sendero es bastante evidente en todo momento.



Me reencuentro con mi mujer un poco más adelante del "embarcadero" y deshacemos juntos el resto del camino. Pero en lugar de llegar hasta la primera cascada, acortamos por la playa buscando el camino más corto. Para pasar el río nos volvemos a descalzar y, como vamos por la arena, seguimos descalzos. Ja! Una cosa es cruzar el río y otra seguir andando con los pies desnudos por arena mojada. No habremos andado 200 m cuando ya los tenemos helados y el frio nos empieza a subir para arriba. Así es que nos secamos los pies y nos volvemos a poner las botas para llegar al camping, ahora sí, gozando de un paseo playero por este idílico paraíso perdido.

Ha sido una bonita ruta de 16,9 kms y 560 m de desnivel acumulado, que nos ha llevado algo menos de 6 h a ritmo de paseo y con mil paradas. La traía marcada desde casa y ha cumplido con creces lo que prometía. Aunque me hubiera gustado hacer la circular larga, me vuelvo satisfecho.



Ya en el camping, pillamos libre una de las mesas y cenamos nuestro menú de trekking: un sobre de comida deshidratada y una tortita con chorizo. Aquí no hay cocina, ni menaje de ningún tipo. Por lo que tiramos del Jetboil, que me sigue pareciendo un invento del copón. En un espacio minúsculo tienes hormillo y cazo. Calientas el agua en un ti-ta, la echas al sobre, esperas unos pocos minutos y listo para comer. Y de sabor están más que aceptables. Ya podíamos de jóvenes haber pillado estas cosas!

La ranger se nos acerca mientras estamos cenando y se interesa por nuestros planes. También nos dice que a la noche metamos todo dentro de la tienda. Que no dejemos nada fuera, ni siquiera entre el habitáculo y el sobretecho.

Y eso? Pues parece que hay zorros árticos por la zona y que las crías suelen husmear para ver si encuentran algo. Se meten por el hueco inferior del sobretecho y pueden ocasionar desperfectos. Amén de comer algo que les pueda perjudicar.

Pues vaya, hoy toca dormir como en una lata de sardinas. Porque nuestra tienda es de las pequeñas. Al fin y al cabo la elegimos para minimizar peso y el espacio interior es el justo para dos personas. Las motxilas las solemos dejar en el pequeño porche de la entrada o incluso fuera cubiertas con un plástico. En fin, qué le vamos a hacer. Una prueba más a superar. Ya nos arreglaremos.

Y ya sin más, nos vamos muy pronto al sobre. Ha sido un día largo y mañana también queremos madrugar para arrancar pronto y evitar que la anunciada lluvia vespertina nos pille por el camino. Pero antes de terminar el día aún tenemos ocasión de comprobar que es cierto lo que nos ha dicho la ranger. Cuando vamos a la caseta de servicios para el aseo nocturno, vemos a dos crías de zorro ártico dormitando tranquilamente entre las escaleras del puesto de la ranger.

No nos sorprende su color parduzco, porque en nuestro anterior viaje ya aprendimos que mudan y que solo son blancos en invierno. Lo que sí nos llama la atención es que estén tan tranquilos en uno de los pocos lugares en muchos kms en los que nos concentramos los humanos. Me da la impresión de que están acostumbrados a ello, que saben que dejamos rastro y que a nuestro alrededor hay comida. Supongo que también apreciarán las barritas y la comida deshidratada.





KoldoS

Día 22 (martes) Hornstrandir: atravesando la reserva


Hornvik - Paso de Hafnarskard - Meleyri (Veidileysufjordur) - Bote - Isafjordur
Recorrido día: 6 km (Total acumulado : 4323 km)

Características ruta: 11,4 km   550 m desnivel positivo y negativo (track aproximado)



Hoy también madrugamos y nos levantamos antes de dar las 7:00. Hemos dormido bastante incómodos con las motxilas a nuestros pies. Muy encogidos y, a ratos, con las piernas encima de las motxilas. Pero bueno, hemos dormido aceptablemente. Está claro, sarna con gusto no pica, aunque mortifique. Como hacemos esto por gusto, se ve que estamos dispuestos a aguantar lo que nos echen.

Desayunamos, recogemos todo y vamos a la playa para despedirnos de Hornvik. El día ha amanecido tristón y hay bastantes nubes, pero disfrutamos en soledad de uno de esos momentos de reflexión y comunión con la naturaleza que se recuerdan siempre. Porque somos los más madrugadores y nos movemos solos, mientras el resto de campistas aún duermen. Bueno, solos solos no estamos. Por ahí andan correteando una zorra ártica y sus dos katxorros.



Tras ese momento intimista, arrancamos con el objetivo de librar esa lluvia que está prevista para primera hora de la tarde. Seguimos un sendero evidente que se dirige hacia el fondo del valle por zona herbosa y empezamos a subir. Poco a poco vamos ganando altura y mejoramos nuestra perspectiva sobre el valle y la bahía. Aunque la bruma mañanera no nos deja tener una panorámica demasiado limpia. Además, las nubes van bajando y enseguida entramos en la niebla, reduciendo aún más la visibilidad. Afortunadamente, esta va y viene, dándonos respiros para seguir viendo el paisaje. También atravesamos un pequeño río por encima de las piedras, sin necesidad de descalzarnos.



Seguimos subiendo y la niebla se va disipando. Llegamos a una zona algo más llana, donde la bahía aún es visible, aunque ya va quedando atrás. Sigue habiendo hierba, pero es cada vez menos abundante y el terreno se va haciendo pedregoso. Aunque en torno a los pequeños arroyos se producen explosiones de verde intenso. El paisaje ha cambiado, se nota que hemos cogido altura. No mucha, todo hay que decirlo, pero en estas latitudes no hace falta subir demasiado para tener condiciones de la alta montaña.



La ruta está marcada por grandes montones de piedras, cuya altura los hace visibles desde lejos. Gracias a ellos es fácil seguir el rumbo aunque se vaya sin GPS (algo que yo no recomiendo). Lo que no siempre es tan claro es si vas por el camino o no. Por aquí pasa mucha menos gente que por otras rutas y el sendero no está tan pisado. De modo que, cuando todo es piedra, a veces pierdes la senda. Sabes que tienes que llegar a la meta que ves allá a lo lejos, pero no tienes claro por dónde hacerlo.

A nosotros nos pasa varias veces. La mayoría de ellas acabas encontrando el camino enseguida. Pero en dos ocasiones tiramos a las bravas. La primera de ellas es al final de la subida, en un terreno con rocas donde la senda no se aprecia. Como más arriba vemos la meta, subimos en diagonal pasando de piedra en piedra por el típico terreno en el que mi mujer pregunta a ver por dónde la he metido. Nada que no pueda superar sin más problema que el ir incómoda, pero es que le gusta hacerse la importante.



Atravesamos algún nevero y subimos la última cuesta para llegar, sobre las 10:30 y tras 3 h de caminata, al punto más alto de la ruta: el paso de montaña de Hafnarskard (519 m). Aquí nos despedimos definitivamente de la bahía de Hornvik y nos asomamos al fiordo de Veydileysufjordur. A esta hora las nubes han subido definitivamente y gozamos de una impresionante vista sobre el fiordo. Aún está lejos, pero lo tendremos a la vista durante toda la bajada y me detendré a sacarle mil y una fotos desde diferentes alturas. Pero esta primera panorámica es sin duda la que más me impresiona. No es que sea la mejor, pero durante la subida he venido temiendo que la niebla nos iba a impedir ver en todo su esplendor aquello que me había impresionado en casa leyendo relatos de otros viajeros. Así es que cuando he alcanzado el paso y el fiordo ha aparecido ante mis ojos, casi casi me hecho a llorar. No me cabe ninguna duda, ha merecido la pena venir hasta aquí.



Nos tiramos un buen rato descansando de la subida y, sobre todo, obnibulados con el paisaje. Después de todo no parece que la lluvia vaya a hacer acto de presencia tan pronto como anunciaban los pronósticos. Parece que nos va a conceder el tiempo suficiente para completar la ruta sin prisas.

Empezamos a bajar por un terreno cómodo y sin grandes desniveles, que nos permiten andar sin quitarle ojo al fiordo. Según perdemos altura vamos cambiando la perspectiva y no quiero perderme nada. De vez en cuando, también echamos la vista atrás para ver por dónde hemos bajado. Esta vertiente es más fácil aún que la otra. También pasamos junto a algunos neveros que van alimentan pequeños cursos de agua y, poco a poco, empieza a asomar el verde. No faltan cosas con las que entretenerse.



En un punto de la bajada volvemos a perder el sendero. Pero, igual que antes, vemos una meta bastante más abajo y tiramos recto hacia ella. En este caso, con bastante menos precaución, porque el terreno es menos escarpado. Nos cae alguna gota y sacamos las capas. Pero solo ha sido un amago y casi nos las quitamos de inmediato.

Poco antes de la última bajada nos cruzamos con una caminante solitaria. Es la única persona con la que nos cruzaremos hoy en la ruta. La sensación de soledad que nos acompaña es muy acusada. Una vez dejado atrás el camping de Hornvik, casi da la impresión de estar caminando por el fin del mundo. Sin embargo y a pesar del miedo con el que veníamos, esta soledad no nos genera inquietud. Llevar el Garmin con comunicación vía satélite y, sobre todo, saber que la ranger está a unas pocas horas de aquí nos da mucha tranquilidad. También el comprobar que es un recorrido técnicamente muy fácil. Como casi siempre en Islandia, la dureza de las rutas viene determinada por las condiciones meteorológicas que te toque afrontar.

Al final de la bajada seguimos paralelos a un río que va dando saltos y forma pequeñas cascadas. Así llegamos al fiordo, donde hay un velero varado. Parece puesto por la oficina de turismo para dar un toque de civilización a tanta naturaleza en estado puro.



Para llegar a la zona de acampada, aún nos queda bordear un tramo de fiordo por un terreno muy incómodo. En esta parte no hay orilla y el camino se abre por una zona de arbustos muy tupida en la que vamos pisando continuamente raíces o más bien los tallos de esa vegetación. El suelo ni se ve.

Afortunadamente, es solo 1 km y llegamos a la zona de acampada del Veydileysufjordur sobre las 14:00. Lo de zona es un decir, porque allí no veo muchos sitios mínimamente aceptables para plantar una tienda. De hecho y al igual de la que pasamos camino al cabo de Horn, sabemos que hay un camping porque me lo dice el mapa. Y teniendo esa información, sabemos que es aquí porque hay una caseta con un WC seco. Una pequeña estructura de madera con tejado a 2 aguas que llegan hasta el suelo y el espacio justo para albergar una taza. No hay agua corriente, pero esto no supone ningún problema en un sitio donde el agua cae abundantemente de las montañas.

Para nuestra tranquilidad, en la orilla hay un cartel que indica el lugar a donde llega el bote. Evidentemente, se embarca en la zodiac porque tampoco hay embarcadero. Perfecto. Ya estamos donde nos recogerán mañana. Muy pronto, pero así hemos evitado mojarnos. Porque ahora sí, empieza a llover a ratos. Así es que nos apresuramos a montar la tienda en el único sitio que está protegido contra el viento por un murete de piedras. Metemos las cosas dentro y tapamos con plásticos lo que nos queda fuera.

El velero leva anclas y navega hacia la salida del fiordo, dejándonos, ahora sí, totalmente solos. No hay más rastro de vida humana. En todo lo que abarca la vista no hay edificaciones, ni nada artificial. Posiblemente así pasaremos la noche. A mi mujer no le hace demasiada gracia, pero la verdad es que tiene su punto de emoción. Hacía mucho tiempo que no dormía en una tienda tan aislado del resto del mundo.



Como tenemos toda la tarde por delante, mi mujer aprovecha para echarse una siesta y yo voy a sufrir un rato por ahí. Subo arroyo arriba hasta buscar un sitio donde el agua da un pequeño salto y filtro con el Katadyn un par de litros para la cena de esta noche. Después me doy un paseo por la orilla y pienso que somos unos privilegiados por poder llegar hasta lugares así.

Me acabo sentando en una piedra mirando al fiordo, cuando algo acaba de raíz con mis reflexiones. A muy poca distancia de mi, asoma una cabecita que emerge del agua y me mira con curiosidad. Una foca anda pescando (o quizás haya que decir cazando, no lo sé) y se sumerge una y otra vez en aguas poco profundas. De vez en cuando emerge con algo en su boca y nada un rato panza arriba, supongo que para comer tranquilamente lo que ha pillado. Está un buen rato por aquí y me entretiene. Le saco alguna foto y un video, pero básicamente me dedico a mirarla y disfrutar del momento. Qué graciosa!



En esas estoy cuando sobre las 17:00 aparece un senderista por el mismo camino que hemos hecho nosotros. Vaya, pues parece que sí vamos a tener compañía. Sin embargo él se dirige directamente a la zona de embarque y se queda allí, aparentemente esperando. Me acerco y le pregunto si hay bote esta tarde, a lo que él me responde afirmativamente. Por suerte, es de Borea, la misma compañía con la que vamos nosotros, y en principio llega a las 18:00. Perfecto para nosotros!

Despierto a mi mujer y recogemos todo, ya bajo una lluvia suave, pero continua. Dormir solos en esta maravilla es muy atractivo, pero ganar un día en Islandia no tiene precio.

Pero el día aún nos depara otra sorpresa. Mientras esperamos el bote vemos a lo lejos que llega más gente. Cuando se acercan, y para nuestra tremenda sorpresa, reconocemos en ellos a la pareja de australianos de ayer! Y sí, ella viene descalza!!!!

No me lo puedo creer. Si ya lo de ayer nos pareció surrealista, esto ya supera todo lo que uno puede llegar a creer. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, pensaría que es coña o una exageración. No entiendo cómo ha podido pasar descalza toda la zona de piedras e, incluso, la última pisando los tallos de los arbustos. Y sigue teniendo los pies sin magulladoras visibles. Ver para creer.

Eso sí, al ver nuestras caras, ella confiesa sonriente que en esta última parte se ha tenido que poner las chancletas porque era bastante incómodo! En fin, anécdotas para contar a los nietos.

Para cuando llega el bote ya ha empezado a llover con fuerza y nos protegemos con las capas. Subimos a la zodiac y le explicamos a la vikinga que hemos cambiado de planes. Pero que lo tengan en cuenta para no venir mañana si no tienen a nadie más aquí. Y una vez a bordo nos refugiamos dentro. Hoy no hace tarde para ir fuera viendo el paisaje. Aunque por lo que podemos alcanzar a ver entre la lluvia, es otra bonita travesía. Al igual que a la ida, hacemos varias paradas. En este caso, dos. Una en el fiordo vecino de Hesteyrarfjordur y la otra en Grunnavik, ya fuera de la reserva natural de Hornstrandir.

Llegamos a Isafjordur, desembarcamos y vamos andando a la furgo. Todo en orden. Volvemos directos al camping de Tungudalur y nos pegamos unas buenas duchas. También miramos para lavar la ropa de monte que traemos sucia. Pero la lavadora nos parece cara (1100 ISK o así) y la secadora otros 800 ISK creo recordar. Así es que aprovechamos el resto de la tarde para recoger todo y reorganizar la furgo. Algo que hay que hacer de vez en cuando.

También para descansar, que han sido dos días de caminatas. No demasiado exigentes, todo hay que decirlo. Pero entre que anoche dormimos encogidos y hoy hemos acarreado el motxilón, hay que reponer fuerzas. Nos olvidamos de los sobres de comida deshidratada y nos metemos una buena cena, regada con cervecita fría, y pronto al sobre.

Fuera sigue lloviendo con ganas. Eso que hemos librado. Mañana ya veremos cómo se presenta el día y si nos da respiros para poder aprovecharlo. Pero de momento, que nos quiten lo bailao. Hemos disfrutado de dos bonitas rutas por la Reserva Natural de Hornstrandir. Me hubiera gustado estar más días en la zona, pero el tiempo no nos ha dejado. Era uno de los grandes objetivos que tenía marcados en rojo al planificar el viaje y hemos podido hincarle el diente. Así es que me doy por satisfecho.

Es una zona a la que no llega más que una pequeña parte de la ingente cantidad de turistas que visitan la isla hoy día, pero para mí el esfuerzo merece la pena y la recomiendo a todos aquellos a quienes les guste caminar por la naturaleza con mayúsculas. Quedará lejos del alcance de quienes plantean un viaje generalista de dos semanas. Pero quienes dispongan de más tiempo y/o vayan con el objetivo claro de patear, tienen que meterlo en su rutómetro sí o sí.





KoldoS

Mayo 11, 2026, 19:50:01 pm #57 Ultima modificación: Mayo 12, 2026, 12:03:13 pm por KoldoS
Día 23 (miercoles)  A mal tiempo, buena cara


Isafjordur - Bolafjall - Bolungarvik - Bolafjall -Skalavik - Bolungarvik

Recorrido día: 74 km (Total acumulado : 4397 km)




Después de dos días madrugando, hoy dormimos sin despertador. Además, la primera vez que me despierto oigo la lluvia cayendo sobre la carrocería. Así es que media vuelta y a seguir durmiendo. Toca día de descanso.

Al final nos levantamos sobre las 10:00 y nos lo tomamos con calma porque sigue lloviendo. Desayunamos y antes de salir pagamos la tasa turística (400 ISK, algo menos de 3 €). Como el camping entra en la tarjeta campingcard, es lo único que se paga (salvo que cojas electricidad u otros extras). También cogemos agua, pero para descargar vamos al área de servicio para ACs que hay antes de llegar al centro de Isafjordur.

Tras las labores de intendencia y sin saber muy bien qué hacer con este tiempo, acabamos aparcando en Isafjordur y nos entretenemos visitando tiendas de ropa entremezclados con una masa de turistas estadounidenses que han llegado en un crucero. Básicamente nos llaman atención las tiendas de dos firmas islandesas. La primera de Ice Wear y la segunda una outlet de la marca 66º North. Y como no podía ser de otra manera, al final cedemos a la tentación y acaban cayendo dos prendas impermeables: una chaqueta y un cubre-pantalón. La carne es débil.

En realidad, el último día de la ruta Viknaslodir pude comprobar que no iba muy bien preparado para la lluvia islandesa y no quiero que me pase lo mismo en la Laugavegur. Así es que me hago con un cubre-pantalón impermeable que tiene muy buena pinta. Se abre por los laterales para poder ponértelo y quitártelo con las botas puestas (ideal para los vadeos que nos esperan) y las cremalleras van selladas. No pesan mucho y se supone que están diseñados para pescadores y para trabajar a la intemperie en este clima. Por lo que quedo muy satisfecho con la compra. Y la chaqueta, pues bueno ahí no tengo una excusa tan elaborado. Simplemente me enamoro de ella. La mía ya está un poco vieja y no pasa de waterproof. O lo que es lo mismo, que repele el agua. Pero impermeable-impermeable no es y visto lo visto prefiero adentrarme en las tierras altas mejor equipado.

En este sentido, y como decía en la introducción, para hacer un trekking por las tierras altas os recomiendo que no ahorréis en estas cosas. Aseguraos de llevar buena ropa e id preparados para el frío, el viento y la lluvia. Si tenéis suerte con el tiempo os puede valer casi cualquier cosa. Pero si pilláis mal tiempo vais a lamentar no llevar unas buenas botas y ropa caliente e impermeable de verdad.

Después vamos a la furgo y volvemos hacia el camping para hacer algunas compras en el Bonus, que es el supermercado que todo el mundo dice que es el más económico. Cuando salimos parece que quiere dejar de llover y nos animamos a subir al Bolafjall. Se trata de una de las dos moles que protegen a la cercana población de Bolungarvik. Una carretera de grava con pendientes del 10% sube hasta la estación de radar que hay en la cima y que en otros tiempos fue un observatorio de la OTAN. Desde allí arriba se ve gran parte del Isafjardardjup y la costa sur de Hornstrandir, ofreciendo unas vistas magníficas. Además, por lo que he leído, hace 3 años construyeron un nuevo mirador que cuelga sobre el fiordo.

Con esa intención, salimos de Isafjordur por la 61 y atravesamos el largo túnel que nos separa de Bolungarvik. Pasamos la población y continuamos por la 630 unos 5 kms, para desviarnos por la carretera de grava que sube hasta el Bolafjall. Recuerdo que desde esta carretera se tenían unas muy buenas vistas sobre Bolungarvik. Pero poco después de empezar a subir nos metemos en la nube y no se ve nada. Ya puestos, seguimos subiendo con la esperanza de que arriba estemos por encima del mar de nubes y se pueda ver la parte superior de las montañas de alrededor. Pero no hay suerte y nos encontramos una niebla muy cerrada. No se ve nada.

Desilusionados, comemos en el parking para dar algo de tiempo y ver si mejora. Pero no levanta y decidimos bajar a Bolungarvik para pasar el resto del día descansando en el camping (incluido en la campingcard). Con este tiempo pensamos que no merece la pena tirar hacia adelante y perdernos los paisajes de las zonas por las que pasemos.

El camping está junto al polideportivo, con el que comparte recepción, y está muy bien. Es una landa llana con espacio para bastantes parcelas que no están marcadas y hay abundantes tomas de electricidad (nosotros no cogemos). Los servicios están en el edificio del poli y son cómodos. Además, tiene lavadora y secadora (1600 ISK entre las dos), así es que aprovechamos para lavar toda la ropa del trekking.

Otra cosa a destacar es que tiene una amplia zona de estar disponible para los campistas. Mientras hacemos la colada la aprovechamos para leer y para cargar todas las baterías (móviles, cámaras de fotos, GPS...) en los enchufes de la sala. También usamos los colgadores para extender la tienda de campaña y secarla bien.



Habíamos pensado en entrar en la piscina (1000 ISK) cuando acabara la colada. Pero al final nos entra la pereza y nos tiramos toda la tarde leyendo en la sala común. En este tipo de viajes no suelen abundar los momentos para holgazanear y a veces es necesario parar y tomarse un descanso para cargar pilas.

De todos modos, al final de la tarde deja de llover y mejora. Incluso parece que quiere despejar. Por lo que nos animamos y volvemos a subir al Bolafjall. Y en esta segunda subida vemos un cartel que indica que el parking es de pago (1000 ISK). Antes estaba tapado por la niebla y no lo hemos visto. En fin, otro más en el que ahora cobran. Pagamos una sola vez usando el código QR que hay en el cartel. Primero porque pienso que la tarifa es por 24 h y, segundo, porque con la niebla que había es imposible que nuestra matrícula haya quedado registrada.

Hecho el pago, vamos al nuevo mirador. Pero el lado del mar sigue estando cubierto de nubes bajas y apenas se ve la estación del radar y parte del acantilado. Como hacia el interior las nubes están más altas, nos vamos dando un paseo hasta un punto desde el que tenemos buenas vistas sobre Bolungarvik. Nos falta la luminosidad de la que disfrutamos en el 2015, pero las vistas merecen la pena incluso en una tarde tristona como esta.




Sobre las 19:30 bajamos con intención de ir directos al camping. Pero al llegar a la 630, vemos que esta sigue más allá y una señal marca que llega hasta Skalavik. Me entra la curiosidad, paro y veo en mi mapa que se trata de una pequeña bahía. Como no tenemos otra cosa mejor que hacer, pues para allá que nos vamos.

Bajamos por una carretera en no muy buen estado y con bastantes baches, que tiene un tramo con cierta pendiente. Al final de la misma nos encontramos una bonita playa enclavada en un entorno que rebosa paz y tranquilidad. Alrededor, desperdigadas aquí y allá, vemos cuatro granjas mal contadas y junto a la playa hay un camping minimalista, en el que hay 2 furgos 4x4 y un pick-up.

La verdad es que me dan envidia. Tiene que ser una gozada acabar aquí el día. Ahora mismo se ha quedado una tarde-noche fresca, pero muy agradable, y el lugar invita a sentarte mirando el mar mientras dejas volar tu mente. Y poco más o menos eso es lo que hacemos nosotros. Damos una vuelta y pasamos un buen rato sufriendo con este paisaje tan relajante.




Cuando conseguimos escapar del embrujo de esta pequeña y perdida bahía, volvemos al camping y cenamos. Después, aún tenemos tiempo de dar un paseo por el pueblo. Pasamos por el puerto y llegamos hasta el final del pueblo, donde vemos una AC que parece quedarse a pasar la noche allí.  La verdad es que el pueblo no tiene nada. Pero como pasa en muchas de estas poblaciones nórdicas, lo bonito es el marco natural que lo rodea.



Y así damos por finalizado un día de impasse, en el que la climatología nos ha hecho bajar el ritmo y contemporizar, pero que al final nos ha dado un pequeño respiro. A mal tiempo, buena cara.





KoldoS

Por si a alguien le interesa y en relación a la ruta Kjalvegur a la que hago referencia en el apartado inicial de mi relato, acabo de recibir un correo de la asociacion Ferdafelag Islands (FI) con la siguiente información:

The old Kjalvegur trail - A less-travelled trail through the heart of the highlands

The old Kjalvegur trail is a lesser-travelled hiking route through the Icelandic highlands, stretching between Hveravellir and Hvítárnes, between the glaciers Langjökull and Hofsjökull.

- The trail can be hiked in either direction, though most choose to finish in Hvítárnes. Compared to more popular trails in Iceland, the old Kjalvegur trail offers a quieter experience with wide-open landscapes, geothermal areas, lava fields, and views across the highlands.

- Most hikers stay in mountain huts along the way, including huts in Þjófadalir, Þverbrekknamúli and Hvítárnes. Due to the remote location and changing weather conditions, good preparation is important before setting out.

- Transport options in the area are limited this summer, as scheduled bus services are currently not operating. Hikers will therefore need to arrange transport by private vehicle.

- We offer hut bundles along the old Kjalvegur trail, making it easier to plan your hike through one of Iceland's quieter highland routes. Huts can also be booked individually, allowing for more flexible itineraries or out-and-back hikes.

A mi ya no me sirve de nada, pero proporciona algunos detalles extra a lo que ya había descubierto en su momento. Entre otras cosas, tal y como me temía, el transporte al inicio/fin de la ruta tiene que ser contratado a operadores privados. No hay un servicio de lanzaderas.


Reserva de refugios

KoldoS

Mayo 17, 2026, 14:46:11 pm #59 Ultima modificación: Mayo 18, 2026, 00:15:07 am por KoldoS
Día 24 (jueves) Dynjandi: la cola de caballo


Bolungarvik - Dynjandi - Talknafjordur

Recorrido día: 220 km (Total acumulado : 4617 km)



Hoy nos despertamos con mejor tiempo. Hace fresco y todavía hay nubes, pero están dispersas y son totalmente blancas. No parece que vaya a llover y eso en Islandia es tener buen tiempo. Aunque tampoco hay que confiarse demasiado. Corre viento y las nubes se mueven a bastante velocidad. Vete a saber cómo irá evolucionando la cosa. Por estas latitudes el tiempo cambia a una velocidad de vértigo.

Desayunamos y hacemos las labores de carga/descarga. Para variar, aquí sí que hay rejilla para grises en el suelo. El camping dispone de una zona de servicios para ACs cómoda y completa.

Salimos de Bolungarvik por el mismo túnel de la 61 por el que llegamos y, pasado Isafjordur, cogemos la 60. Donde a los pocos kms llegamos a un nuevo túnel que tiene forma de Y. Entramos por una de las ramas y dentro del mismo túnel llegas al cruce con la 65 que lleva a Sudureyri y su fiordo. Como ya fuimos en el 2015, nosotros lo pasamos de largo y salimos por el tercer ramal de la Y. Aunque yo recomiendo acercarse, al menos para ver el fiordo de Sudureyri. Porque de la población no recuerdo nada de especial interés.

Bajamos hasta el Onundarfjordur, donde el pueblo de Flateyri se asienta sobre un istmo. Paramos en la cabecera del fiordo, sin acercarnos al pueblo, y sacamos unas fotos.

Desde aquí vemos una señal que indica el desvío a una iglesia y varios coches que se meten hacia allí. Me entra la curiosidad y nos metemos también por la 625. Va bordeando el fiordo y enseguida se convierte en una carretera de grava, para acabar llegando a la pequeña iglesia negra de Kirkjubol. Aparcamos junto a la granja de al lado y nos bajamos a verla. La verdad es que no tiene nada, a parte de ser negra, y no merece la pena el desvío. Pero al menos me sirve para charlar un rato con el granjero, que se me acerca con ganas de charleta y sorprendido de ver a un guiri perdido por aquí. Y bueno, también nos sirve para a la vuelta ver Flateyri desde esta otra orilla.



Regresamos a la 60 y atravesamos otra mole para pasar al siguiente fiordo. En la parte superior del puerto encontramos unas curiosas esculturas de madera que recuerdan el episodio de una saga o leyenda nórdica. Desde este punto ya se ven Thingeyri y el Dyrafjordur.



Bajamos hasta el fiordo y volvemos a parar en un mirador donde se recuerda otro pasaje de la saga de Gisli. Las vistas son magníficas, con Thingeyri en frente y a su derecha una sucesión de valles y farallones que se van asomando al fiordo.



Ahora mismo hace una mañana estupenda y lo que vemos me anima a dejar la 60 y desviarnos por la 624 para recorrer la orilla norte del Dyrafjordur. Durante unos kms vamos llaneando por asfalto y seguimos disfrutando de las vistas sobre el fiordo. Luego pasamos a rodar sobre tierra, torcemos hacia el interior  y empezamos a subir. Superamos un tramo con bastante pendiente y tierra suelta en el que ponemos a prueba la tracción de nuestra GV, pero llegamos arriba sin problemas.

Lo malo es que en el puerto encontramos nubes atrapadas que cubren todo lo que hay por debajo al otro lado. En estas condiciones no tiene sentido bajar hacia allí y nos quedamos sin ver el remoto valle de Ingjaldssandur y tener otra perspectiva del Dyrafjordur. Así es que damos la vuelta y nos volvemos por donde hemos venido.

De regreso nos llama la atención una señal de atracción turística y entramos hasta su parking. Se trata del jardín Skrudur, el más antiguo de Islandia según la información allí expuesta. Pero la verdad es que no nos parece gran cosa y, desde luego, no creo que merezca los 400 ISK/persona que se piden en una Honesty Box. Un pequeño espacio verde, con árboles, flores y plantas, una fuente de piedra y un arco hecho con huesos de ballena. Agradable, pero sin más.



Un poco más adelante está el punto de salida de la ruta de subida a la pequeña montaña de Myrafell (Rother 39), marcada in situ con una señal azul. Dicen que las vistas desde la cima son mucho más hermosas de lo que sugiere su modesta altitud (312 m). Pero hoy estamos vagos y nos damos por satisfechos con lo que hemos visto desde la carretera. Así es que seguimos adelante.

De regreso a la 60, seguimos avanzando y comprobamos que el trazado de la carretera ha sido modificado desde nuestro viaje del 2015. La 60 ya no llega hasta Thingeyri y tampoco sube el puerto de Hrafnseyrarheidi para llegar al siguiente fiordo. En la cabecera del fiordo, justo tras pasar sobre el dique, hay que dejar el viejo trazado que lleva a Thingeyri (ahora es la 622) y seguir la nueva 60 hasta llegar al túnel que en poco tiempo te pasa al otro lado. Es mucho más cómodo, no hay duda, porque recuerdo el puerto como una mala carretera de tierra, con curvas, gran pendiente y muchos agujeros. Aunque, todo hay que decirlo, era uno de los tramos de los que mejor recuerdo guardaba. Con unas vistas de quitar el hipo a ambos lados del puerto (sobre todo sobre el Arnafjordur). Así es que me quedo un poco con las ganas de haber repetido ese tramo que ahora es la 626.



La salida del túnel nos deja también en la cabecera del Arnafjordur. Por lo que nos hemos ahorrado unos kms de fiordo respecto al camino por el puerto. Un tramo que recuerdo largo y como una auténtica tortura rodando por un mal piso y con un traqueteo continuo. La verdad es que las carreteras de los fiordos occidentales han mejorado mucho y parece que poco a poco las están asfaltando.

De hecho, tras salir del túnel encontramos un tramo de grava no demasiado regular que nos hace bajar la velocidad y nos retrotrae al 2015. Más aún cuando el firme empeora y empiezan los baches. Pero es justo cuando doblamos una pequeña punta y nos damos de bruces con una de las cascadas más bonitas de Islandia: Dynjandi. Allí comprobamos que hay casetas de obras y movimiento de maquinaria. Se ve que siguen trabajando en la mejora de la carretera y que continúan asfaltando.

Entramos al parking, que ahora está asfaltado y es de pago (750 ISK de nada). Pero está bastante lleno y acabamos aparcando en la zona inferior, junto a una caseta de obra y a la orilla del fiordo. Por supuesto, ya no hay zona de acampada, ni se permite la pernocta en este maravilloso lugar. Una pena. Es una de las que mejor recuerdo guardo.

Bajamos y recorremos todos los saltos, despacio y recreándonos en todos los detalles que somos capaces de captar. Cada una de esas cascadas tiene una señal de madera que indica su nombre (Hundafoss, Hrisvadsfoss, Gongumannafoss, Strompgljufrafoss...) y algunas brillarían con luz propia de estar en otro lugar. Pero la majestuosa cola de caballo de Dynjandifoss las eclipsa y copa todas las miradas. Es una de esas cascadas que te atrapan y de las que es difícil escapar.



Cuando por fin logras zafarte de su embrujo, te das la vuelta y diriges tu mirada al fiordo. Otro precioso fiordo nórdico. Cuando llevas días por aquí, corres el peligro de perder tu capacidad de impresionarte y tomar por normal algo que no lo es. Y pensar, bueno, otro fiordo más. Pero yo sé que mis vacaciones se van a acabar y que voy a echar de menos todo esto cuando me vaya. Así es que trato de captarlo todo para grabarlo en mi memoria. Bueno, en mi memoria y en mi cámara. No sé la cantidad de fotos que pude sacar entre las cascadas y el fiordo. Hacer la selección de hoy ha sido una locura.



Comemos en el parking y subimos de nuevo hasta la cascada para despedirnos de ella antes de seguir adelante. No creo que volvamos una tercera vez por aquí y me cuesta dejarlo atrás.

Seguimos por la 60 y subimos otro puerto con buenas vistas. Según vamos subiendo vemos desde arriba el fiordo que acabamos de dejar atrás y luego la panorámica de otro ramal al que solo se puede llegar por mar. Así llegamos al cruce con la 63. Si siguiéramos hacia adelante por la 60, alcanzaríamos en pocos kms la costa sur de los fiordos occidentales y acortaríamos mucho para salir de ellos. Pero aún tenemos ganas de más y nos desviamos por la 63 para recorrer sus últimas penínsulas.

Al abandonar la 60 decimos adiós al asfalto y volvemos al traqueteo. Afortunadamente no será durante muchos kms, pero se nos hacen largos. Se ve que este año nos hemos vuelto sibaritas. Los kms de tierra y grava son muchos menos que en el 2015 y quizás por eso se nos hacen más pesados. Porque esperamos encontrar el asfalto en cada cruce o detrás de cada curva. Y hace 10 años rodábamos con resignación kms y kms por la toulee ondulé, sin esperanza alguna.

En fin, bajamos hasta el fiordo y lo vamos bordeando. En este tramo está la piscina y poza termales de Reykjafjardarlaug, donde nos bañamos con los niños. Me paro para recordar ese momento y sacar alguna foto, pero no repetimos porque ya tenemos plan termal para esta tarde. Así es que continuamos y apenas un par de curvas después pasamos junto a la cascada Foss.



Poco después de la cascada llegamos a un minúsculo aeropuerto (en realidad es una única y no demasiado larga pista de aterrizaje), donde volvemos al asfalto y aceleramos la marcha. Pasamos de largo Bildudalur y ya solo nos queda superar otra mole para llegar a nuestro destino de hoy.

Cuando bajamos al enésimo fiordo de hoy, dejamos la 60 y cogemos la 617 para llegar a Talknafjordur, donde no nos cuesta demasiado encontrar el camping incluido en la campingcard (está al final del pueblo, por el otro lado). Hacemos el check-in, pero no perdemos tiempo en buscar sitio. De las mismas salimos de allí y seguimos unos 3 kms más por una 617, que ya se ha convertido en una pista de tierra, hasta llegar a la Pollurin Hot Spring. Lo suyo hubiera sido ir dando un paseo, pero ya es tarde y preferimos ir con la furgo.

Allí encontramos dos o tres coches y gente que ya está disfrutando de las pozas. Pero estas son bastante amplias para lo que se estila y hay sitio de sobra para estar a gusto. Además, a estas horas en seguida empiezan a retirarse y en poco tiempo nos quedamos solo 2 o 3 parejas. Se ha quedado una tarde estupenda y no se puede pedir mucho más. Bueno, sí. Una cervecita no estaría nada mal! Pero eso tiene fácil remedio con la furgo a 10 m. Así es que acabamos en remojo, calentitos, con vistas al fiordo y brindando con cerveza fresca. Ahora sí que estamos en la gloria!

Para completar el tratamiento termal, junto a las pozas hay un par de kupelas con agua fría. Yo hago el ciclo de contraste agua caliente-fría un par de veces. Pero la inmersión en las kupelas se me hace demasiado duro y acabo prefiriendo una alternativa algo más light. En uno de los putxus hay una manguera de la que sale agua fría, que sirve para regular la temperatura de la poza cuando ésta se calienta demasiado. La uso para echármela directamente por encima y bajar mi temperatura corporal, sin ni siquiera tener que salir del putxu. Así sí que se puede vivir. Esto es un sufrimiento sin fin!



Pero todo lo bueno tiene su fin y a nosotros también nos llega el momento de retirarnos. Cosa que hacemos con pena, pero totalmente satisfechos. Las jornadas de conducción llenas de paisajes de postal y con final feliz son una de las especialidades islandesas. Y la zona de los fiordos occidentales es quizás la más apropiada para ello. Hay multitud de pozas y, generalmente, hay menos gente que en otras partes del país.

Junto a las pozas hay también una caseta en la que te puedes cambiar. Aunque nosotros no la usamos y vamos directos a la furgo para pegarnos una ducha y cambiarnos. Y ahora sí, regresamos al camping para cenar y acabar el día.

Se trata del típico camping ubicado junto a las piscinas y zona deportiva. Los servicios están en el edificio del polideportivo, aunque están separados de él y son específicos para los campistas. También hay pilas para el fregado y lavadora. Pero en esta parte no veo duchas y eso es lo peor del camping. Ya que están en un módulo contenedor y no nos parecen nada cómodas. Son gratuitas, pero comparten el espacio con más servicios y solo una cortina los separa de ellos. Venimos ya duchados y no las necesitamos, pero está claro que mañana tampoco las utilizaremos.