[ISLANDIA] Regreso a la Isla Handia (52d). Julio-Agosto-25

Iniciado por KoldoS, Octubre 09, 2025, 23:16:10 pm

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KoldoS

Mayo 21, 2026, 17:25:35 pm #60 Ultima modificación: Mayo 23, 2026, 00:08:44 am por KoldoS
Día 25 (viernes) Adios a los fiordos


Talknafjordur - Hellolaug - Budardalur

Recorrido día: 266 km (Total acumulado : 4883 km)




Hoy nos despertamos tarde y nos cuesta arrancar. Se ve que los días van pesando y necesitamos descansar. También hay que decir que el día ha salido encapotado y muy oscuro. De momento no llueve, pero tiene pinta de empezar a hacerlo en cualquier momento. Para completar el cuadro de los malos augurios, veo que la meteo islandesa da para mañana una alarma por vientos huracanados en todos los fiordos occidentales. Está claro, hay que poner tierra de por medio. Hoy toca decirles adiós.

Hago las labores de descarga y cuando voy al fregadero a coger agua potable, un usuario me advierte que no lo haga. Por lo que se ve, un salado ha debido usar ese grifo para lavar el poty! Madre mía, hay que estar desubicado para venir aquí a hacerlo. Pero es que en Islandia se ven muchísimas ACs y campers de alquiler y en un porcentaje elevado es gente que no tiene nada que ver con el mundillo. Por lo que no es raro ver cosas que, como esta, están fuera de toda lógica. No es extraño que hayan prohibido la pernocta por libre. A saber qué es lo que se veía y se sigue viendo por ahí.

Salimos del camping y volvemos a la 63 para hacer un sube-baja más hasta el siguiente fiordo. Pasamos de largo la población de Patreksfjordur y recorremos la orilla norte del fiordo del mismo nombre para llegar a su cabecera. Allí está el cruce con la 612 que lleva a la punta Latrabjarg, el extremo occidental de Europa. Ya fuimos en el 2015 y no tenemos ganas de volver a recorrer esa carretera. No sé si la han mejorado, pero entonces tenía muy mal piso y era muy lenta. Eso sí, para los amantes de las aves es un punto de obligada visita, porque es uno de los mejores lugares para ver puffins.

Lo que sí entraba en mis planes era acercarnos a la playa de Raudasandur. Para llegar a ella hay que desviarse por la 612 unos 8 kms y luego coger la 614. Al final de esta última debe de haber algún punto con curvas cerradas y fuerte pendiente que no recomiendan hacer si el terreno está mojado. Pero alguna alguna AC sí sé que ha llegado sin problemas.

Por lo que he leído, se trata de un magnífico arenal de unos 10 kms que ofrece un espectáculo de arenas, fundamentalmente rojizas, que adquieren diferentes tonalidades cuando las ilumina la luz del día. Todo el mundo recomienda centrarse en la parte occidental de la playa, donde hay una pequeña iglesia negra, y que se tengan bien presentes los horarios de las mareas para no tener ningún susto. Porque el agua sube mucho y muy rápido.

Desgraciadamente, hoy es un día muy oscuro y no tenemos luz que potencie explosión de tonalidad alguna. Por lo que pensamos que no merece la pena ir y preferimos seguir adelante por la 62, ahorrándonos unos kms de mala carretera y avanzando para poner tierra de por medio cuanto antes.

Así alcanzamos la costa sur de los fiordos occidentales, en la zona conocida como Bardstrond. Aún nos quedan muchos kms para salir de ellos siguiendo un trazado que va bordeando infinidad de fiordos menores, que en esta zona son menos profundos. En este primer tramo vamos viendo un típico paisaje costero islandés, con la particularidad de que aquí las playas son de arena blanca. Algo no demasiado habitual en Islandia.

Enseguida llegamos a la poza termal de Krosslaug. Como el día no está para gran cosa, pensamos en pasar un rato relajante y paramos en el parking. De aquí a la poza hay un centenar de metros y vemos a la gente subiendo en bañador con cara de estar pasando frío. Así es que primero bajamos vestidos para ver cómo pinta la cosa. Abajo nos encontramos con una piscina y la poza propiamente dicha, en la que hay 3 niñas bañándose. La poza es bastante amplia y está bien preparada, con escalones y barandilla para entrar y todo el borde pavimentado con piedras planas.

Pero un cartel avisa que hay que pagar 1500 ISK/persona. Dudo mucho que alguien venga a comprobar el pago en un día como hoy, pero nos parece una exageración para pasar un rato y nos vamos sin bañarnos



Apenas un centenar de metros después paro de nuevo. La poza se halla justo en la desembocadura de un río que forma un pequeño delta. Y ahora con la marea baja está muy bonito.



Un poco más adelante pasamos junto a la terminal del ferry Baldur que te lleva hasta Stykkisholmur, en la costa norte de la península de Snaefellsnes. En el 2015, de no ser por los problemas mecánicos que tuvimos, lo hubiéramos cogido para ahorrarnos un montón de kms por carreteras de grava. Pero el siguiente ferry sale a las 18:00 y nos supone demasiado tiempo de espera. Para eso habría que haber andado más ligero a la mañana y llegar al de las 12:00. Además, su precio ha subido mucho desde el 2015 y sale una pasta (para el 2026 viene a ser 29200 ISK, sobre los 200 €). Y por lo que vemos, ahora hay más kms asfaltados, por lo que bordear el enorme Breidarfjordur va a ser mucho más llevadero que hace 10 años.

Seguimos adelante y desembocamos en la 60 a la altura de Flokalundur, donde hay un camping y un hotel. Al pasar el puente nos llama la atención una curiosa roca que ha aguantado la acción erosionante del río. Y desde el mismo camping sale la ruta Rother 42 al lago Helluvatn, pero hoy no toca. Tampoco la cercana Rother 43 por la reserva Natural de Vatnsdalur. Para no ver gran cosa, es tontería Además, unos metros más allá, ya en la 60, tenemos otra poza termal: Hellulaug. Y esta sí que nos convence.

En este caso se trata de una poza más rústica que la anterior y está hecha aprovechando un hueco en la línea de la costa. El agua termal llega a través de un tubo y es retenida por un murete de piedras antes de que acabe escapando al mar. No hay ninguna caseta, pero sí una especie de terraza al lado de la poza en la que te puedes cambiar o secar más o menos cómodamente. Como hoy hace fresco, hay que andar rápido para no quedarte pajarito. Aunque una vez en el agua calentita se está en la gloria.

La verdad es que lo disfrutamos un montón, porque coincidimos con poca gente. Cuando llegamos hay una pareja a la que le estropeamos la intimidad. Al de un rato se van y nos quedamos solos. Es una gozada tener unos momentos así, para nosotros y con todo el fiordo ante nuestros ojos. Podríamos quedarnos aquí todo el día, incluso cuando llega otra pareja y algo más tarde dos chicos. Hay sitio de sobra, porque no es una poza pequeña. Finalmente, cuando llega una familia decidimos dar por terminado el momento zen y volver a la furgo. Cosa que hacemos rápido para no quedarnos fríos.



Nos duchamos y aprovechamos para comer en el parking de la poza. Hecho lo cual continuamos avanzando por la 60, que sigue asfaltada. En esta zona ya no hay fiordos muy profundos, sino más bien una sucesión de pequeños brazos de mar que hay que ir bordeando. La marea está baja y vamos viendo una costa llena de rocas y con muchas algas. También vemos focas y alguna cascada. No es una costa espectacular, al menos con esta luz, pero tiene su aquel y entretiene los kms.



Luego pasamos por un tramo de tierra que se nos hace largo. Pasamos por la zona geotérmica de Djupidalur, donde hay un camping y otra poza termal. Ya hemos tenido nuestra ración de hoy y ni entramos a verla, pero desde la carretera es evidente la actividad geotérmica del lugar. Un riachuelo se desliza por una ladera de colores imposibles y nubes de vapor caliente se escapan de su cauce.



Seguimos ruta acompañados por paisajes costeros y acabamos saliendo de los fiordos occidentales atravesando la península de Skardsstrond. Por si a alguien le cuadra, decir que en este tramo hay al menos otras dos pozas termales. En Reykholar está la de Grettislaug, junto a la que hay un camping incluido en la campingcard. Tampoco es mal plan para acabar el día. Y cerca de Laugar se halla la de de Guðrúnarlaug. Como ya he escrito, los fiordos están llenos de pozas y todo es cuestión de elegir las que mejor casen con tu recorrido. Todo el mundo encontrará el momento y el lugar adecuados.

Así llegamos al Hvammsfjordur que baña la costa norte de Snafellsnes. Toda esta última parte ya la hicimos hace unos días en sentido opuesto para acceder a los fiordos.



Y como ya va siendo tarde y llevamos bastantes kms encima, buscamos un sitio donde parar. Lo encontramos pasado Budardalur, en el camping Arblyk (incluido en la campingcard). Está junto a la carretera, pero en medio de la nada. No hay pueblo cerca y más bien parece un club deportivo o social, a juzgar por el tamaño del edificio. Es un camping grande para lo que se estila por esta zona.

Después de hacer el check-in, lo primero que hago es desaguar y cargar agua. Las grises, una vez más, a baldes. Cuando estoy en ello empieza a llover y lo hace con ganas. Parece que han abierto la espita de repente. Después nos situamos en una landa que es bastante grande y donde hay ya un buen número de ACs. Por precaución, todos nos ponemos en la parte protegida por una hilera de árboles. Aunque, todo hay que decirlo, no son demasiado grandes y no sé cuánto protegerán. Pero bueno, algo es algo.

Por lo demás, decir que hay bar y que la zona de duchas (500 ISK) es cómoda. Con un vestuario espacioso y con asientos para vestirse.

Y así damos por finalizado un día de relax en el que hemos hecho bastantes kms para salir de los fiordos. Veremos mañana qué tiempo nos encontramos y si podemos hacer alguna ruta en la península de Snaefellsnes, a cuyas puertas nos hemos quedado. Le tengo echado el ojo a la subida al icónico Kirkjufell. Pero para ello necesito que haga buen tiempo. Sin viento y con terreno seco. Veremos.




KoldoS

Mayo 29, 2026, 13:39:46 pm #61 Ultima modificación: Mayo 29, 2026, 13:51:04 pm por KoldoS
5 - El suroeste


Día 26 (sábado) Glymur: la reina destronada sigue brillando


Budardalur - Grabor crater -Glanni - Glymur - Fossarrett - Stedji in Hvarfjordur - Thorufoss - Thingvellir - Laugarvatn
Recorrido día: 208 km (Total acumulado : 5091 km)



Nos despertamos sin lluvia, pero con un cielo nublado que no augura nada bueno. Entro en la meteo para ver el pronóstico y son malas noticias. La alerta por vientos fuertos se ha extendido a la costa norte de la península de Snaefellsnes. Aunque aquí, de momento, no notamos gran cosa. Igual es que los árboles protegen más de lo que parece.

En fin, la cosa es que con esa alerta desechamos definitivamente la subida al Kirjufell. Una pena. Tenía muchas ganas de subir a uno de los montes más fotografiados de Islandia. No es una ruta para todos los públicos y hay un cartel avisando que es para montañeros experimentados. Aunque las referencias que he manejado hablan de una ascensión con dificultad técnica moderada, siempre que se haga en seco y con buen tiempo. Por lo que he leído, tiene varias trepadas con ayuda de cuerda fija. Y tramos de sendero por hierba con una pendiente muy fuerte, donde también hay que extremar la precaución (especialmente durante el descenso). De ahí que no se aconseje hacerse con terreno mojado.

Pero con esta previsión no solo nos dejamos en el tintero el Kirkjufell. Tenemos que bajar hacia el sur y nos olvidamos de otros objetivos que teníamos en Snaefellsnes. Cosas que tampoco pudimos hacer en el 2015: alguna ruta en kayak por el Breidarfjordur desde Stykkisholmur o Grundarfjordur, llegar al glaciar del volcán Snaefellsjokull (la entrada al centro de la tierra en la novela de Verne), la cueva de lava de Vatnshellir, la iglesia negra de Budir, la playa de Ytri Tunga donde se suelen ver focas o la poza termal de Landbrotalaug. Qué se le va a hacer. Todo no se puede.

De esta forma, salimos del camping y empezamos a hacer kms. Al de poco de ponernos en camino empezamos a notar los embates del viento. Parece que su fuerza va aumentando según pasa el tiempo. Pasamos una zona con bonitos cañones y regresamos a la ring road después de varios días. Casi seguido paramos a hacer nuestra primera visita del día: el volcán Grabrok. Aquí nos damos cuenta de que hemos vuelto al circuito turístico principal. Nos encontramos el parking lleno y tenemos que dejar la furgo fuera de él, orillada en una pequeña explanada antes del aparcamiento oficial.

Subimos por un camino bien preparado con escaleras de madera y nos encontramos con un cráter pequeño en el que lo más destacado son sus colores. Una combinación de verdes y rojos que le da un aspecto peculiar. Muy diferente a lo que vimos en el Hverfjall. El sendero rodea todo el cráter y desde arriba apreciamos mejor el monumento natural de Grabrokargigar. Porque en realidad se trata de un área protegida en la que hay 3 cráteres. El grande (Stora Grabrok) en el que estamos ahora y es el único al que se sube, el pequeño (Litla Grabrok) que está junto al parking y del que ya queda muy poco, y un tercero (Graborkarfell) que se ve muy bien desde el principal y que a mi igual es el que más me gusta.

El viento ya es muy fuerte y no nos entretenemos, porque cuesta lo suyo andar sin que las ráfagas te hagan dar bandazos. A la bajada, algo más protegidos, nos acercamos un momento a ver un cartel junto a unos muretes de piedras que nos han llamado la atención desde arriba. Se trata del viejo corral de Brekka, que según informa el cartel data del siglo XIX y es uno de los más antiguos que se conservan.



De aquí vamos hasta la cascada Glanni, situada a poco más de 1 km hacia el sur. El parking sale por 1000 ISK y no merece la pena. Os podéis ahorrar la parada, aunque no tengáis mucho que hacer el día que paséis por aquí. Hacemos un recorrido circular y no vemos nada que no se vea en cualquier recoveco de muchas carreteras. La cascada en sí no deja de ser un estrechamiento del río y luego vamos paralelos al cauce por un pequeño cortado, hasta llegar a un remanso en el que perdemos el sendero. Seguimos un poco más y encontramos el camino de vuelta por dentro, pasando por un supuesto punto de interés en el que nosotros solo vemos una pequeña balsa de agua. Totalmente prescindible.



Encima, a la vuelta nos empieza a llover. No sé si hoy vamos a poder hacer algo de fundamento, pero aprovechamos para hacer kms hacia el sur. Despacio, porque el viento se hace notar y no permite alegrías.

Preparando mi primer viaje, en alguna web islandesa leí que el viento empezaba a ser fuerte a partir de las 10 m/s (36 km/h), que era mejor parar si pasaba de 15 a 18 m/s (54 a 65 km/h) y que no se condujera nunca por encima de 50 mph (80 km/h o 22 m/s). Y en Islandia esto se lo toman en serio. Por eso es habitual encontrar carteles de tráfico con información actualizada sobre el viento que te vas a encontrar. Sobre todo antes de empezar a subir puertos y la verdad es que son de gran ayuda.

En alguno de ellos leo que andamos entre 12 y 15 m/s. Justo en el límite de lo que recomiendan parar. Así es que seguimos bajando por la ring road, despacio y con mucha precaución, hasta pasar Bogarnes y llegar a Akranes. Allí, en lugar de seguir por la 1, cojo la 47 para bordear el Hvalfjordur. He leído que el túnel bajo el agua que acorta el recorrido ya no es de peaje, pero aún no he dado el día por perdido y quiero ver si podemos hacer algo por la tarde.

Paramos en la cabecera del fiordo, junto a un puente donde hay 2 islandeses pescando, y descansamos un rato antes de comer en el mismo sitio.



Sobre las 16:00 y viendo que la lluvia va a ratos, nos animamos y subimos hasta el parking del inicio de la ruta a la cascada Glymur (Rother 51). Aunque es una excursión corta (6,6 km) y sin gran desnivel (376 m), quedaba fuera de nuestro alcance con los niños y no pudimos hacerla en el 2015. Por lo que tengo ganas de hacerla ahora y rendir homenaje a la reina destronada. Y es que hasta hace bien poco Glymur era considerada la cascada más alta de Islandia con sus 198 m de caída. Puesto que perdió en el 2007, cuando el retroceso del glaciar de Morsárjökull dejó al descubierto los 227 m de Mossarfoss, la nueva soberana.

Con esa intención salimos de la furgo con todo el kit de lluvia a cuestas. Arrancamos llaneando por un camino fácil que nos lleva a un mirador sobre el río Botnsá. Desde allí intuímos el cañón donde está la cascada y vemos el punto por el que cruzaremos el río. La primera dificultad de la ruta y quizás el punto que decide quien pasa y quien no.

Después alcanzamos una cueva por cuyo interior empezaremos la bajada al río. Cosa que se hace rápidamente por unos escalones que ayudan a no resbalar. Y entonces es cuando llegas al cuello de botella. Hay que cruzar de uno en uno y poniéndote de acuerdo con los que regresan. Toca hacer cola para pasar. En este sentido, primero sobre piedras que a duras penas sobresalen del agua y luego por un tronco dispuesto a modo de puente. Ambos están mojados, por lo que hay que andar con cuidado de no resbalar. Afortunadamente, hay un cable al que agarrarse y te facilita mantener el equilibrio.

Eso sí, el cable solo está atado en sus extremos y tiene cierta holgura. Por lo que es un apoyo que se balancea y, dada la disposición de las piedras y del tronco, en medio del cruce tienes que pasar tu cuerpo de un lado al otro del cable. Además, si tu zancada es corta, es posible que en el primer tramo tengas que pisar una piedra por encima de la cual pase agua y que te mojes algo las botas. Vamos, que no es un cruce para todos los públicos. Ya vemos algunos que lo pasan con serias dificultades.



Tras cruzar el río empezamos a subir entre vegetación de forma suave. Hasta que nos asomamos al cañón por primera vez. A partir de ahí ya vamos paralelos a él, cada vez con mejores vistas, y el sendero se empina para ir ganando altura con mayor rapidez. De tanto en cuanto hay salientes que sirven de miradores, aunque con este viento hay que andar con cuidado y no nos podemos asomar demasiado. Siempre hay que mantener una distancia prudencial al borde para evitar sustos. A veces, incluso cuesta lo suyo avanzar sendero arriba con este viento. Llegamos a dudar si seguir subiendo por miedo a que arriba esté peor, pero vemos a bastante gente que baja y nos dicen que no es así.

A ratos también nos llueve y es que las nubes se mueven a gran velocidad. Tan pronto nos ponemos las capas para resguardarnos del agua, como sale un sol que ilumina el cañón de vivos colores o genera un arco iris. Y son esos momentos de respiro los que aprovechamos en los principales miradores para admirar la cascada desde distintas perspectivas. La primera vez la descubrimos medio escondida al fondo del cañón. Luego, poco a poco y según nos vamos acercando, aumenta su parte visible hasta percatarnos de que no es un solo txorro. El agua se abre en varios saltos y es más ancha de lo que pensábamos. Así llegamos al mirador que está justo enfrente de ella y nos encontramos cara a cara con ella. Para observarla en su totalidad me tengo que tumbar en el suelo y sacar la cabeza por el borde. La verdad es que me ha sorprendido muy gratamente. La conocía por fotos y había leído sobre ella, pero aún así tengo que decir que es más bonita de lo que me esperaba. Sin duda, ha merecido la pena el subir, a pesar de la lluvia y el viento.



Mucha gente se da la vuelta en este mirador, pero nosotros seguimos adelante y subimos hasta un punto desde el que se ven el inicio de la cascada, el cañón y, un poco más allá, el río que se precipita por ella.



Teníamos intención de hacer el recorrido circular, subiendo por este lado y bajando por la otra orilla del cañón. Para ello hay que subir aguas arriba y cruzar el río lo suficientemente lejos de la cascada para que no haya mucha corriente y sea seguro. Llegamos a ver varios grupos cruzando, pero al final nos damos la vuelta y volvemos por donde hemos venido. Nos da pereza descalzarnos y hacer el vadeo con este tiempo tan fresco.

En la bajada nos empieza a llover con más fuerza y acabamos con capas, polainas y pantalones impermeables. Estos últimos los estreno hoy y cumplen su misión a la perfección. Porque al final acaba cayendo una buena y vuelvo seco. Cosa que no puede decir mi mujer. Habrá que ponerle remedio también.

Por cierto, en el camino entre la cueva y el parking nos despistamos y en algún punto cogemos otro camino. La lluvia no deja ver gran cosa y nos cuesta un rato darnos cuenta de que no vamos bien. Para más inri, hoy me he dejado el GPS en la furgo. Menos mal que hay cobertura y podemos usar el móvil para volver a la furgo usando el localizador, porque la verdad es que nos habíamos desviado un trecho y estábamos despistados. Bueno, nos sirve de recordatorio para no volver a bajar la guardia. Incluso en rutas aparentemente sencillas de seguir, como esta, es conveniente llevar el GPS.

De vuelta en la furgo, bajamos de nuevo a la carretera y volvemos a bordear el fiordo por la 47, haciendo dos cortas paradas. La primera en un parking a pie de carretera, junto a la cascada Fossarrett que vemos al pasar. Nada espectacular en los estándares islandeses, pero bueno, tampoco era cuestión de hacerle un feo.

Mientras que la segunda, aunque planificada, no deja de ser una bitxikeria. La roca conocida como Stedji in Hvarfjordur es monumento natural protegido desde 1974 y tiene una curiosa forma de puño levantado que me llamó la atención cuando la vi.



De nuevo en marcha, decidimos dejar la capital para más adelante y nos desviamos por la 48 hacia el círculo dorado. Además por esa zona tenemos fichados un par de campings incluidos en la tarjeta. Todo ahorro viene bien en un país tan caro. Aunque también es verdad que en buena medida condiciona tu itinerario y por eso hay que valorar bien si te interesa o no. Al final del relato daré datos al respecto y mi opinión personal después de haberla usado en nuestros dos viajes.

En fin, en la misma 48 hacemos otra parada corta para ver la cascada de Thorufoss. Sigue lloviendo y bajo yo solo. Mi mujer me dice que pasa de salir a ver una cascada "random" con este tiempo. Y bueno, es cierto que esta tampoco es espectacular, pero yo no le haría ese desprecio. Me parece un salto más que digno, por mucho que nuestro baremo haya subido tanto por estas tierras. No desde luego para venir expresamente a verla, pero pasando por aquí... Además, los amantes de la serie Juego de Tronos tienen una motivación extra para parar. Porque en alguna parte leí que había aparecido en una escena de la serie. Para llegar a ella hay que dar un minipaseo de unos 5 minutos desde el parking y bajar un pequeño terraplén. No está exactamente a pie de carretera, pero casi.



Seguimos adelante y desembocamos en la 36 a la altura del Thingvallavatn, el lago más grande de la isla. Por donde llegamos a uno de los lugares estrella del círculo dorado: Thingvellir. Paramos en el parking P1, que es de pago entre 9:00 y 18:00. Como son más de las 20:00 eso que nos ahorramos. Ahora mismo no llueve demasiado y salimos con paragüas, con intención de dar una vuelta y hacer una visita rápida. Ya estuvimos en el 2015 y solo queremos recordarlo.

Primero nos asomamos al mirador panorámico sobre el lago y recorremos la Almannagja (Garganta de Todos los Hombres), que en casi todas partes destacan como el estrecho cañón por el que caminas entre las placas tectónicas americana y euroasiática. Aunque puede que esto no sea del todo exacto. Parece que este es uno de sus bordes, pero que la separación entre placas es bastante más ancha. No importa demasiado, sea lo que sea, tiene su relevancia geológica y llama la atención. Y para los que tengan ganas de emociones más fuertes, pueden probar a bucear en la parte de la falla que está inundada.

Pasamos también por la Logberg (roca de la ley), marcada por un asta de bandera, que es donde se reunía el primer parlamento islandés. Se halla en una especie de anfiteatro natural, donde ahora hay una pequeña grada. Y llegamos hasta la cascada Oxararfoss, siguiendo el camino principal. Llueve a ratos, pero a estas horas hay ya muy poca gente y podemos recorrerlo muy tranquilos. Lo malo es que, con todos los trastos para la lluvia, me he olvidado la cámara de fotos. Se ve que hoy ando muy despistado. En fin, solo tengo el móvil y con esta luz no puedo sacar ninguna foto con fundamento. Así es que pongo las sacadas en el 2015.

Para volver cogemos el camino de abajo que va más cerca del río y pasamos por enfrente de la Thingvallarkirkja y la granja Thingvallabaer, actual residencia de verano del primer ministro islandés.



Sobre las 21:30 nos ponemos de nuevo en ruta y vamos directamente al camping de Laugarvatn, que está a unos 30 kms de aquí. Como ya lo conocemos del 2015 no perdemos tiempo en buscarlo, que no son horas. Hay sitio de sobra, pero evito entrar en la hierba. Con todo lo que ha caído, la landa está un tanto encharcada y prefiero no tentar a la suerte. Por lo que me sitúo donde hay grava, en frente de los baños y junto a otras 2 ACs que han debido pensar lo mismo.

Y así damos por finalizado un día en el que el viento y la lluvia nos han hecho cambiar de planes, dejando cosas interesantes en el tintero. Pero bueno, tampoco nos vamos a quejar. Al final hemos podido hacer algo, aunque sea bajo la lluvia. Son cosas que hay que asumir cuando se viene al Norte. Sabes que va a haber un cierto número de días en los que vas a tener que lidiar con el mal tiempo. La cuestión es que no sean muchos en proporción y, sobre todo, que no te chafen los grandes objetivos de tu viaje. Ahí hay que tener suerte.





KoldoS

Junio 04, 2026, 23:37:04 pm #62 Ultima modificación: Junio 04, 2026, 23:43:42 pm por KoldoS
Día 27 (domingo) Las cascadas del Círculo Dorado


Laugarvatn - Bruarfoss - Gulfoss - Hrunalaug - Camping Skjol

Recorrido día: 96 km (Total acumulado : 5187 km)



Nos despertamos con un día lluvioso y bastante oscuro. Las previsiones dan días de mal tiempo, aunque parece que con momentos de respiro que pueden ser aprovechables. Buf! A menos de una semana del trekking la cosa no pinta muy bien. Habrá que esperar que pase el frente y el tiempo cambie. Hasta ahora no hemos pillado nunca más de 3 o 4 días seguidos de lluvia. En fin, no nos queda otra que confiar en ello.

Con este tiempo nos lo tomamos con calma. Pensamos incluso en ir a pasar la mañana en el complejo geotermal de Fontana, en el mismo Laugarvatn. Pero al final optamos por descansar en el camping. Nos duchamos en sus instalaciones, que están bien. La ducha es gratuita, tiene un buen txorro y hay espacio para cambiarse cómodamente.

Al final salimos pasadas las 12:00 y nos dirigimos hacia la cascada Bruarfoss. Hace 10 años era una joya bastante olvidada, cuyo acceso a través de una urbanización privada hacía que fuera poco visitada y que quedara fuera del circuito cubierto por los grandes operadores. Así, pudimos disfrutarla solos durante un buen rato y me encantó. Por lo que es una de las cosas que quiero repetir.

Pero, como otras muchas cosas, esto también ha cambiado en este tiempo y ahora ya forma parte del círculo dorado con todas sus consecuencias. Así, ahora está perfectamente indicada en la carretera y han hecho un nuevo parking en la otra orilla, junto a la cascada. Miedo me da. Porque, lógicamente, esto permite el acceso masivo hasta ella y necesariamente la sensación que me voy a encontrar va a ser muy distinta a la que experimentamos en el 2015.

De todos modos, nosotros queremos alargar la excursión y desechamos el parking oficial. Aparcamos en un pequeño parking (gratuito), situado justo al pasar el puente de la 37, y salimos dispuestos a hacer una excursión de unos 6 - 7 kms entre ida y vuelta. Y, la verdad, si no se va justo de tiempo, pienso que es una ruta que merece la pena porque pasa por otras dos cascadas.

El sendero va todo el tiempo por la orilla del río Bruara, que soprende por el color azul turquesa de sus aguas. Incluso en un día tristón y lluvioso como el de hoy, su color es muy llamativo. Un azul que se aclara en los rápidos, luciendo una bonita gama de tonalidades.



A unos 2 kms nos encontramos la primera de las cascadas: Hlauptungufoss. Es bastante modesta en cuanto altura, como todas las que veremos en este río. Pero tiene su punto, con un salto principal relativamente caudaloso y varios escapes secundarios.



En los entornos de las cascadas, el sendero está limitado con un cable de acero que impide llegar más allá. Aunque lo entiendo en entornos masificados, normalmente me suele fastidiar bastante. Pero hoy tampoco se dan las condiciones para moverte por roca cerca del borde. Está todo mojado y puede ser resbaladizo. Avanzamos con lluvia a ratos y nos tenemos que poner las capas. También las polainas. Hay un par de zonas con bastante agua y embarradas en las que nos vienen bien para ir más tranquilos sin ponernos perdidos. Y es que cuando andas tantos días fuera, se agradece no manchar los pantalones con barro y minimizar la ropa a lavar.

Unos 500 m más adelante llegamos a la cascada Midfoss. Sin ser un experto en la lengua islandesa, me atrevería a asegurar que no se han roto mucho la cabeza para denominarla (la cascada del medio?).



Para llegar al plato fuerte aún tenemos que recorrer 1 kms más y nos vamos encontrando con más gente a cada paso. Y en cuanto nos acercamos al puente vemos en él una hilera de personas que apenas dejan ver algún trozo de barandilla. Qué diferencia con nuestra anterior visita!

De todos modos, con gente o sin ella, Bruarfoss sigue siendo impresionante. Hoy no tenemos una buena luz que ilumine la cascada, y aún así luce espectacular. El río fluye sobre un lecho de roca volcánica negra y se abre en abanico para caer en multitud de txorros a una poza azul turquesa. A partir de ella, el río ha ido labrando un hueco por el que avanza creando un gran contraste entre el azul del agua y el negro de la roca. Un auténtico paraíso para los amantes de la fotografía.

Esta claro que el gentío que nos arremolinamos a su alrededor le quita un punto de magia y que la experiencia no es tan íntima como hace 10 años. Pero creo que es una parada imprescindible. De las cascadas más fotogénicas de Islandia. Respecto a lo otro, pues es lo que hay. Somos una plaga y hay que asumirlo. Todos queremos ir y ver estos lugares tan bellos.




Nos tiramos un buen rato admirando la cascada y volvemos por el mismo camino. Los últimos kms nos llueve más fuerte y ya en la furgo empieza a caer como si no hubiera un mañana. Uf! Hemos librado por poco. Aprovechamos para comer y dejamos pasar el tiempo a la espera de que escampe.

Sobre las 17:00 vemos que quiere dejar de llover y nos ponemos de nuevo en marcha. Pasamos por Geysir, pero no paramos. Vemos muchísimos coches y tampoco tenemos demasiado interés en volver a ver las explosiones de Strokkur. Preferimos seguir de cascadas y nos dirigimos a Gulfoss.

El parking inferior está reservado para buses y discapacitados, así es que seguimos y dejamos la furgo en el aparcamiento de arriba (gratuito), que es más grande y está junto a los edificios de servicio. Salimos dispuestos a hacer la visita y nos llaman la atención esos buses 4x4 que van a las tierras altas. Vaya monstruos!

Empezamos la visita recorriendo el sendero superior, desde el que se ve la cascada a vista de pájaro. Desde aquí se aprecia muy bien el requiebro que hace el río, con un primer salto de muy poca altura que parece casi un rápido, y un segundo espectacular que cae en una grieta transversal por la que el agua es evacuada. En algún sitio leí que esta es una cascada extraña. Al acercarte a una cascada, lo normal es mirar hacia arriba. Porque el agua salta desde un lugar alto hasta donde estás tú. Mientras que aquí es al revés. El río fluye a cota 0 y cae a una grieta de unos 20 m. Hay que mirar hacia abajo.

Después de ver el conjunto desde arriba, bajamos las escaleras y hacemos el sendero inferior que nos lleva hasta el centro de la cascada, justo donde empieza el zig-zag. Tan cerca de ella, no puedes distinguir si vuelve a llover o te está mojando el agua en suspensión de la cascada. Ahora que veo las fotos, el color del agua es hoy muy diferente a la del 2015. Las fuertes lluvias caídas estos días han arrastrado mucha tierra y el agua tiene un color mucho más turbio y terroso.




Salimos de aquí pasadas la 19:00 y pensamos en acabar el día tomando un baño termal. Para ello vamos hasta Fludir, donde se halla la poza Hrunalaug. Primero por la 30 y luego por la 344, que es de tierra y bastante lenta. Son unos 30 kms que nos llevan un buen rato y llegamos bastante tarde.

Tengo buenas referencias de la poza, pero se ve que son antiguas. Porque encontramos un espacio explotado turísticamente y cobran 3000 ISK/persona por el acceso a la poza. Y encima hay obras. Se ve que están ampliando el negocio. Vamos, que ya no es aquella poza perdida con dos zonas (para 3 y 6 personas) y una pequeña caseta, en la que te podías bañar tranquilo y muy probablemente solo.

Acostumbrados a las pozas de los fiordos occidentales, nos llevamos una decepción y nos quedamos fríos. Más que por el coste de la entrada, por la mercantilización de un lugar así. Entiendo que tienen derecho a explotar sus recursos y a frenar la invasión turística. Pero hoy me pilla con el pie cambiado y no me lo esperaba. Además, ya son casi las 20:00 y tampoco íbamos a estar demasiado tiempo.



En fin, hemos venido hasta aquí en balde, porque decidimos darnos la vuelta sin entrar. Bueno, sin entrar a bañarnos, quiero decir. Porque el de la taquilla nos deja pasar para echar un vistazo antes de decidir qué hacer.

Para más inri, cuando miro el camping más cercano incluido en la campingcard, compruebo que está en Geysir. Justo desde donde hemos venido. Pues nada, vuelta para atrás retrocediendo por el mismo camino que nos ha traído hasta aquí.



Así llegamos al camping Skjol, sito justo en el cruce de la 30 con la 35. Es un camping grande, en el que las duchas son de pago (500 ISK). Hay un restaurante donde también está la recepción y allí nos aconsejan no meternos en la hierba si no tenemos un 4x4. Con lo que ha caído estos días, la landa está medio inundada y puede ser difícil salir mañana. Nos dicen que aparquemos en la grava de la calle de acceso y así lo hacemos. Aunque tampoco hay mucho donde elegir y metemos la furgo en un hueco de la fila de ACs que hay al margen de ese camino. No es el mejor de los sitios, pero nos vale para acabar un día pasado por agua en el que hemos podido hacer menos cosas de las que teníamos en mente.



txusmari


KoldoS

Cita de: txusmari en Junio 09, 2026, 12:11:45 pmQue buen relato..Gracias por compartirlo KoldoS


Gracias a ti por leer y por hacermelo saber. Ayuda a seguir con ello.

KoldoS

Día 28 (lunes) Haifoss y Gjain: cerca de las tierras altas


Camping Skjol - Haifoss y Grannifoss - Gjain - Stokkseyri

Recorrido día: 189 km (Total acumulado : 5376 km)



Nos despertamos con mejor tiempo. No es que luzca un sol expléndido y las previsiones dicen que va a seguir lloviendo estos días. Pero bueno, ahora mismo no lo hace e, incluso, se ve algo de cielo. Así es que toca aprovechar mientras se pueda.

Reviso mis notas y me decido por uno de esos objetivos que quedaban fuera de nuestro alcance con los niños. Lo malo es que para llegar allí tenemos que recorrer de nuevo los 30 kms que ayer hicimos de ida y vuelta. No es una distancia excesiva en Islandia, donde lo habitual es meter un buen número de kms al día. Pero es una muestra más de lo que supone aprovechar la campingcard a tope. La situación de los campings incluidos te obliga a hacer kms de más y seguir un itinerario que nunca eligirías de otro modo. Lo de ayer y hoy es un buen ejemplo.

Así es que salimos del camping sobre las 10:30 y nos dirigimos al sur hasta llegar a la 32. Una carretera que ya conocemos. Por ella pasamos en el 2015 camino de Landmannalaugar. Pero esta vez no llegamos tan lejos. La dejamos para tomar la 332 solo unos pocos kms antes de llegar a la 26, que luego se convierte en F26 para atravesar el país de norte a sur.



La verdad es que tenía muchas dudas sobre si era posible subir por la 332 hasta la cascada Haifoss, que con sus 122 m es la 4ª más alta de la isla. En el 2015 ya llegamos con nuestra capuchina hasta Landmannalaugar por la 208/F208 y no quiero repetir aquella experiencia. Este año he hecho propósito de enmienda y no tengo intención de meterme por ninguna carretera (sea F o no), en la que sea obligatoria la tracción a las 4 ruedas. Por eso tuve mucho cuidado en informarme bien sobre esta vía.

Si bien no es una carretera F y por tanto no es estrictamente necesario, algunas referencias califican de muy recomendable un vehículo 4x4 para subir esas cuestas de grava. Sobre todo en caso de lluvia y suelo mojado. Otros viajeros, en cambio, la describen como una carretera mala, pero perfectamente accesible para un vehículo normal si se va con cuidado. En fin, como otras muchas veces, informaciones contradictorias que dependerán mucho de la experiencia de cada cual. En lo que casi todos coinciden es en que lo peor está al principio. En la cuesta que lleva al hotel. Que luego está mejor.

Para despejar mis dudas, me tragué enterito el video de unos motoristas que encontré en internet y en el que se veía una pista de grava con mucha piedra suelta, pero sin apenas agujeros. Solo ví una cuesta fuerte y no me pareció que tuviera tanta pendiente. Y tampoco ví curvas cerradas que nos pudieran poner en un aprieto. Así es que aquí estamos. Dispuestos a probar esa primera subida y ver cómo lo vemos. Será por probar!

Pues bien. En el acceso vemos carteles que avisan que es una Rough Road. Pero no es F, ni indican que sea para 4x4. Así es que seguimos y, la verdad, subimos sin problemas los 7,5 kms que hay hasta el parking de la cascada. La pista es mala y tiene más agujeros de los que había visto en el video (cosa que ya esperaba). Tira casi siempre hacia arriba con alguna que otra cuesta y, efectivamente, lo mas duro está al principio con la única cuesta en curva que recuerdo. Pero subimos bien en 2ª, con algún momento en 1ª. El traqueteo no me permite más, así es que piano-piano y con paciencia.

Nos encontramos un parking casi lleno y dejamos la furgo en uno de los escasos lugares libres, para acercarnos al mirador donde vemos que se arremolina la gente. Uff! Qué pasada! Las fotos que había visto no le hacen justicia a lo que tengo delante de mi. Un precioso cañón cuyas paredes engloban un poco todo lo que uno puede ver en la isla: columnas de basalto, rocas negras y rojizas, el verde made in Iceland subiendo por las paredes... Y, por supuesto, cascadas.

El río Fossa que vemos enfrente se divide en dos para formar sendas cascadas. A nuestra derecha, la de Grannifoss parte sus 101 m de altura en dos tramos, choca contra el rellano intermedio y se abre para acabar en una especie de caldera donde empieza el cañón. Allí se precipitan también otros pequeños saltos de agua que quedan en nada ante los dos colosos, pero que añaden belleza al conjunto. Mientras que a nuestra izquierda y un poco separada como tratando de buscar protagonismo, la de Haifoss (que significa cascada alta) cae a plomo 122 m con un txorro compacto y de buen caudal. Todo un espectáculo.



Superado el impacto inicial, recorremos todos los miradores y vamos cambiando la perspectiva. No sabría decir cual es mejor. Quizás aquella donde las dos cascadas entran en el mismo plano.

Una buena parte de los turistas acaban aquí su visita. Pero nosotros queremos vivir la experiencia completa y seguimos un sendero evidente, marcado con estacas naranjas, que nos llevará hasta el fondo del cañón en unos 2 kms y casi 200 m de desnivel negativo. Al principio, durante unos cientos de metros se baja poco a poco por un terreno herboso que no se aleja mucho del borde y desde el que se siguen teniendo vistas aéreas de las cascadas. Pero luego, el sendero gira y empieza a bajar más rápido, con algún tramo bastante empinado en el que los bastones nos son de gran ayuda. Sobre todo ahora, que ha empezado a llover y el terreno suelto empieza a resbalar un poco.

La última parte de la bajada la hacemos con Haifoss a la vista. Pero hay que tener cuidado al llegar al nivel del río. Atravesamos laderas inclinadas y en algunos puntos el sendero se estrecha mucho para pasar pedreras y salvar el desplome. No hay pasos difíciles, pero en esos puntos mejor concentrarse en el camino para evitar descuidos. Vista al suelo y parar cada vez que queramos admirar la cascada.



Seguimos hacia el fondo del cañón con intención de acercarnos a Grannifoss y avanzamos un trecho por un sendero ya muy estrecho que nos lleva hasta un punto donde desaparece. Para continuar hay que atravesar una roca muy inclinada y sin pasos claros, que ahora está mojada y tiene pinta de ser resbaladiza. No queremos correr el riesgo de acabar en el río y no nos convence nada. Así es que nos damos la vuelta y volvemos a Haifoss, donde nos tiramos un buen rato disfrutando de este maravilloso rincón. Ya había leído que merecía la pena venir hasta aquí y no conformarse con verlo desde el mirador. Que había que bajar al cañón para verlo desde dentro. Y no puedo estar más de acuerdo. Mi mujer va aún más allá y lo sitúa en el TOP 5 de lo que hemos hecho este año. Casi nada!



Cuando logramos zafarnos de su embrujo, reiniciamos el camino de regreso y subimos hasta arriba. Un último vistazo desde el mirador y volvemos a la furgo. Han sido 2h30 de excursión, pero en bajar y subir no habremos tardado ni la mitad de ese tiempo. La mayor parte la hemos pasado "sufriendo" en los miradores y en el fondo del cañón.



Comemos en el parking y después retrocedemos por la 332 hasta el cruce con la 327 (a muy pocos metros ya de la 32). La 327 es la vía de acceso a Gjain, el valle escondido que algunos definen como un hermoso vergel en medio de un desierto de piedras. Esta pista/carretera es una especie de by-pass de la 32 que se desvía de ella para pasar por Gjain y la granja Stong. Y por lo que tengo leído, el acceso es más sencillo por este lado. Sin embargo, un letrero en el cruce avisa que también por aquí es solo apta para vehículos 4x4. Así es que, imitando lo que otros han hecho antes, orillo la furgo en el ensanchamiento del cruce y salimos dispuestos a llegar andando hasta ese valle escondido.

Caminamos por la carretera y, efectivamente, todo lo que alcanza la vista no es más que un enorme desierto de piedras y tierra negra. Difícil imaginar que por allí podamos llegar a un vergel. Pero, tras cubrir unos 3,5 kms en 40 minutos, vemos un cartel que nos avisa que ya hemos llegado. Y al acercarnos nos asomamos a un balcón natural sobre un pequeño valle que, efectivamente, es un auténtico oasis verde por cuyo centro corre el río Raudá. Lo curioso es que Raudá significa literalmente "río rojo", aunque sus aguas sean transparentes y el color rojo no se vea por ningún lado.

Bajamos al valle por unas escaleras y recorremos un sendero bien marcado que limita el recorrido. En un espacio bastante reducido, vemos una vegetación exuberante alrededor de un río que serpentea juguetón, combinando saltos, pequeños rápidos y pozas de agua transparente. También formaciones rocosas curiosas, como una que parece la silueta de un hombre con gabardina que mira el valle desde un pedestal. Y, por supuesto, cascadas.

La más llamativa es la de Gjárfoss, que desde esta orilla vemos a cierta distancia, saltando 15 m por una hendidura tallada entre columnas de basalto. Por lo que vemos en el mapa, por la otra orilla hay también un camino que llega hasta esa cascada. Pero hay que ir hasta la granja de Stong para poder cruzar el río y volver por el otro lado. Cosa que desechamos.

Lo mismo que antes hemos descartado otra ruta más ambiciosa. Y es que, para el caso de no poder subir por la 332, traíamos como opción B el subir andando hasta Haifoss desde aquí, combinando ambas visitas en una excursión de jornada completa. Por lo que tenía leído, son unos 10 kms y 300 m de desnivel (solo ida), por un sendero fácil aunque pedregoso.





Hacemos toda la visita prácticamente solos, lo que le añade un punto de encanto. Creo que en toda la vuelta solo nos cruzamos con otra pareja. Se ve que sigue siendo un lugar no demasiado visitado. De hecho, en el 2015 no había ni oído hablar de él. Parece que su popularidad es bastante reciente y se debe a su aparición en un episodio de... Juego de Tronos. Qué raro!

En el camino de vuelta nos fijamos mejor en la carretera y pienso que, efectivamente, es mejor no meterse con una furgo o AC. En su mayor parte es perfectamente transitable para un vehículo normal, pero hay un punto en el que se pueden tener problemas si los bajos no tienen la altura suficiente. Es una curva en medio de una pendiente, con un piso en el que hay bastantes agujeros. Mal sitio para parar o perder velocidad.

Al final, de vuelta en la furgo pienso que el valle escondido de Gjain es un sitio interesante y que resulta muy curioso encontrar un vergel así en medio de un lugar donde parece que no puede desarrollarse ningún ser vivo. Pero tampoco nos parece un lugar tan espectacular como refieren algunos viajeros. Puede que en mi percepción influya en exceso lo mucho que me ha impresionado Haifoss. Pero no creo que sea una visita imprescindible, ni algo por lo que merezca la pena invertir tanto tiempo como hemos hecho nosotros al ir y volver andando. Particularmente solo lo recomendaría para una parada al bajar de Haifoss, siempre que se vaya en un 4x4 y se pueda llegar hasta el parking del Gjain.

Nos ponemos de nuevo en marcha y pasamos junto a la granja vikinga reconstruída de Thjodveldisbaerinn y de la cascada de Hjálparfoss. Ambas están casi a pie de carretera (32) y merecen sendas paradas rápidas. Pero ya las vimos en el 2015 y pasamos de largo, poniendo rumbo hacia el sur con la intención de pasar en esa zona los últimos días antes del trekking.

Entre nuestros planes para esta semana estaba el entrar a la zona de Kerlingarfjoll y pasar un par de días recorriendo sus montañas de colores (similares a las de Landmannalaugar, pero menos masificadas). Incluso quería tratar de hincarle el diente a alguna de las 2 rutas que teníamos apuntadas por allí (Kjalvegur ó Hringbrautin). Pero ya lo hemos descartado. La meteorología de estos días no nos está siendo lo que se dice muy propicia para ello. Y, además, sigo sin tener claro cómo llegar hasta allí. La ruta Kjolur es una carretera que en sus primeros kms desde el sur está pavimentada, pero que a partir de un punto deja de estarlo y se convierte en una pista que casi todas las referencias actuales catalogan como una carretera para vehículos 4x4 (F35). Y luego tendríamos que ir por la F347 (ahí no hay dudas de que es una F) para llegar hasta la base de Kerlingarfjoll. Nos parece demasiado arriesgado para meternos con nuestra GV, a pesar de que una pareja que anduvo por allí nos dijera que poco a poco y con cuidado se podría llegar hasta el hotel con un coche normal. Pero, como ya he dicho, este año no queremos volver a meternos en ninguna carretera sin estar del todo seguros de que es apta para nuestra GV.

Así es que nuestra única oportunidad es entrar en transporte público y no he encontrado ninguno asequible que nos llevara hasta Kerlingarfjoll con la suficiente flexibilidad para pasar allí un par de días en tienda de campaña. Todo lo que he encontrado han sido los típicos tours cerrados que ofrecen los operadores y no nos han convencido (ni su precio, ni su programa). Quizás sea que no lo he preparado con el detalle que necesita, pero se me ha hecho muy complicado y el mal tiempo tampoco me ha animado demasiado a buscar una solución.

En fin, otro objetivo que me atraía mucho y que se va a quedar en el tintero. Quizás haya que hacer un tercer viaje en una camper 4x4 o en uno de esos todoterrenos con cédula o tienda en el techo. Así no dependeríamos de nadie y podríamos acceder a las tierras altas por nuestra cuenta, llegando a esos sitios que nos hemos dejado por el camino. Soñar es gratis!

Pero volvamos a la tierra. Tras unos 70 kms por carreteras "rápidas" (32 y 30), alcanzamos la ring road y volvemos a la ruta principal. Por ella llegamos a Selfoss y nos desviamos hacia la costa para llegar a Stokkseyri. Allí encontramos un camping muy sencillo, pero agradable (incluido en la campingcard). Usamos la zona de servicio para ACs, cómoda y funcional, con el desagüe de negras y grises separados. Este último en el suelo, por lo que no hay que vaciar a baldes. Y la toma de agua limpia está a bastantes metros, junto a la caseta de las duchas y WC. Lo cual también se agradece, porque evita confusiones en un país con tanta AC de alquiler.

Las duchas son de pago (no sé el precio, pues no las usamos) y, para compensar, la lavadora es gratuita! Creo que es la primera vez que lo vemos en un camping. Lógicamente, esto hace que esté bastante solicitada y pedimos la vez para hacer la colada. Lo que no hay es secadora. Nos extraña y le preguntamos a la chica del camping. Quien nos mira y muy sonriente nos responde con convicción: para qué la necesitáis teniendo este viento? Pues la verdad es que no le falta razón. Porque colgamos la ropa en el tendedero que hay bajo el aterpe y mañana por la mañana la recogeremos totalmente seca.




koskolva (a.k.a. mandril)

Joder Koldo, cada entrega me flipa más aún que la anterior.

Estuve por allá en 2013 pero solo 10 días y no me dio tiempo a perderme mucho, qué ganas de volver!

Danos más!!!
-- pow & punk rock make me happy --

Mandrileta 2.0
Mandrileta 1.0

KoldoS

No me extraña que tengas ganas de volver. En 10 días solo pudiste llegar a catar el aperitivo. Y, aún así, seguro que lo disfrutaste un montón.

Yo he estado 4 semanas en el 2015 y 5 semanas el año pasado, y no pude ver todo lo que me hubiera gustado!

En fin, me pasa en casi todos los destinos a los que he ido. Es igual el tiempo que le dediques, que siempre te vuelves con la sensación de no haber visto más que una parte de lo que ese lugar puede dar. En vez de ir tachando sitios a los que ya he ido, siempre acaban engrosando los de la lista de lugares a los que volver.

Pero es que Islandia está tan lejos y es tan cara que...

Gtacias por leer y comentar.